Shevchenko: dos ciudades | Ecos del Balón

Shevchenko: dos ciudades


Hubo un tiempo, no hace tanto, amarcord, en el que ser delantero centro en la Serie A era visto como la cima del fútbol. Los colores desaturados del Calcio en formato 4:3 plagan la memoria de un pequeñajo que sabía que cuando la pelota besaba la red en Delle Alpi, San Siro o en el Olímpico, los goles no era que valiesen más, pero sí que tenían algo especial: hacer goles en Italia era más difícil. Y entre estadios a medio llenar, los capocannonieri se erigían como deidades. Y con toda la razón. En 1996, Ronaldo piso España y en doce meses gritó casi medio centenar de goles; un año después, aterrizó en Milán y marcó diez menos. Y era el mejor del mundo, el mejor de la historia. Bota de oro en todos lados, pero no en Italia. ¿Cuántos goles no marcarían los Batistuta, Signori o Inzaghi en otras ligas? Vieri, por ejemplo, marcó 24 en 24 para el Atlético de Madrid en la 97-98; la temporada siguiente, con la Lazio, se quedó en 12 jugando prácticamente los mismos minutos… Y aun así, a fin de año, el Inter de Milán rompió la alcancía para hacerse con su ficha. Calcio, vita mia.

Todo aquello se desvaneció en algún lugar del siglo XXI. El Calcio entró en una decadencia que cayó de sopetón en el aficionado, pero que se veía venir desde muy lejos. Las virtudes que habían encaramado a la Serie A en la cima se habían convertido en vicios que la carcomían por dentro. Si se trátase de buscar una sola imagen definitoria, sería de necios no recurrir a Jerzy Dudek imponiéndose a Shevchenko, entonces vigente Balón de Oro, en la tanda de penalties de la final de Estambul 2005. A partir de allí, Midas se mudó a Inglaterra unos años y otros tantos a España. Y el Calcio, en purga y agonía, se marchitaba. Y con él, sus delanteros centro. De tener a los mejores durante dos décadas y media, Italia pasó a ver como la Premier League y La Liga se llevaban a las mejores piezas del mercado, incluidas las suyas.

Shevchenko, su penalti fallado y su traspaso, los hitos del Calcio decante

La fuga había empezado antes. El traspaso de Ronaldo al Real Madrid fue un pulso de poder impensable un lustro antes de que ocurriese. Pero el hito de esta historia también se escribe en cirílico: el AC Milan era el mejor equipo del mundo y en 2006 no pudo impedir que su futbolista estrella, Andriy Shevchenko, firmase por el nuevo rico de Londres. Tras dos años jugando un fútbol de relámpago que bien mereció alguna Champions, el proyecto de Roman Abramovich sumaba a un futbolista que había hecho parte del Top 5 mundial durante lo que iba de década. Sin embargo, la primavera de 2007 se encargó de premiar al equipo rossonero con un canto de cisne en Atenas y castigó al ucraniano con un estridente fracaso en la Premier League, como le había ocurrido a Hernán Crespo antes que a él. Parecía ser que ahora, los delanteros de la Serie A no solo eran mortales, sino también parte de la plebe.

¿Cómo era posible que dos atacantes de la entidad del argentino y, sobre todo, del ucraniano fallasen en trasladar su fútbol de Italia a Inglaterra? El argumento más sencillo sería apostar por la edad. Ni Crespo era el de 2001 cuando llegó al Chelsea, ni Shevchenko el de 2004 cuando ídem. Y no dejaría de ser cierto, pero ¿era tal la diferencia entre sus niveles? Crespo siguió siendo el ‘9’ de la selección argentina durante los cuatro años posteriores a su arribo a la Premier, y haciéndolo francamente bien, mientras que Shevchenko había firmado nueve goles en la Champions League, coronándose goleador, apenas unos meses antes de cambiar de camiseta. El jugador que llega a Stamford Bridge no era la fuerza de la naturaleza que coqueteó con ser el mejor jugador del mundo durante más de cinco temporadas, pero seguía siendo un delantero letal e impresionante. ¿Qué podría haber cambiado en el trasvase de la Serie A a la Premier League?

Pues probablemente… el fútbol. A partir de la década de 1960, el fútbol había comenzado a definir una serie de principios tácticos que dieron forma al juego de los años dorados de la Serie A. Un fútbol de especialistas y movimiento. Los delanteros centro se convirtieron en máquinas del remate y ese último toque lo marcaba todo en la nueva escala de valores. Los Bota de Oro entre 1970 y el nuevo siglo sirven de testigos de ello. Delanteros como Müller, Yazalde, Georgescu, Polster, Van Basten, Sánchez, Jardel o Makaay, más allá de tener más o menos virtudes, estaban cortados por la tijera del remate. El gol era una cuestión de caza y en Italia, donde el terreno era más escabroso, estaban los mejores cazadores. Desde los equipos más pequeños con sus Rossi, Giordano, Protti o Hübner, hasta los más grandes, tenían especialistas del recoveco y la oportunidad. Crespo y Shevchenko también lo eran. Goleadores de barro y cielo, capaces de transformar arte rupestre en caravaggios; y separados de los gatos monteses por su capacidad de ir más allá del orgasmo, como catalogaba el porteño a la sensación de anotar un gol, e incidir en el juego colectivo. Esa era la barrera que separaba a los buenos de los muy buenos.

El fracaso de Shevchenko en el Chelsea obedeció a un cambio de paradigma

Y, a pesar de ellos, para el nuevo fútbol de Mourinho, Wenger, Ferguson y la Premier League, aquello no era suficiente. Con el cambio de milenio, la Premier fue la primera de las grandes ligas en forjar una identidad propia de la nueva era. Los cambios se notaron, más que nada, en la forma de atacar. Robert Pirès aterrizó en Londres en el verano del 2000 y ahí inició algo: si la labor de los exteriores ya no era llegar a línea de fondo y centrar al área, el delantero centro debía encontrar una nueva forma de abastecerse, porque tampoco contaba con los enganches del fútbol latino para asistirlos por el centro. Jugadores como Ruud Gullit, George Weah o Ronaldo habían mostrado el camino del atacante del siglo XXI, e incluso el propio Marco van Basten había aportado lo suyo: la autosuficiencia técnica y física. Sin jugadores con la principal misión de asistirlos, el delantero de la Premier League tuvo que aprender a crearse sus propias opciones. Y a hacerlo administrando todo el frente de ataque porque el 4-4-2 poco a poco caía en la obsolescencia. Y así, Thierry Henry, Ruud van Nistelrooy, Didier Drogba, Wayne Rooney, Fernando Torres o Cristiano Ronaldo.

Y Shevchenko cayó ahí. El ucraniano fue uno de los futbolistas más impactantes de su generación. Su quinta, la de Ronaldo, Raúl, Van Nistelrooy, Kluivert y él, fue la del puente entre los atacantes clásicos y los actuales. Ronaldo lo tenía todo, pero prefería pasar del juego medio; Raúl, que tenía cabeza de centrocampista y cuerpo de cazagoles, no tenía el aparato físico de los de la Premier; a Kluivert le faltaba sangre en el ojo y Van Nistelrooy, aunque supo destacar como pocos, quizás no tenía la punta de velocidad de los muy mejores.

¿Y Shevchenko? El de Kiev era un portento del remate. Su técnica de control y disparo en carrera es legendaria. Con ambas piernas y desde cualquier ángulo, Shevchenko cazaba balones que transmutaba a misiles. A partir de allí y de una potencia y agilidad en los dos primeros metros que le servía para maquillar que su control del balón en carrera era defectuoso para su nivel, el del Milan navegaba a treinta o treinta y cinco metros del área regateando en busca del espacio para el disparo, incluso cuando caía a banda. Y se asociaba: descargas de primera para dejar de cara a Rui Costa, Pirlo y Seedorf mientras el volaba a zona de disparo. En el momento, Shevchenko parecía un delantero de vanguardia, quizás el que más, Ronaldo aparte, de los cinco magníficos.

El ucraniano era rápido, móvil y técnico, pero pensaba como ariete clásico

¿Era así? Su fútbol estaba orientado al gol y solo al gol. Era un especialista en ese sentido. Y eso repercutió en lo que hacía cuando salía del área, su hábitat. Todas sus decisiones, técnicas y rítmicas, estaban al servicio de ponerse en disposición de disparar a portería. Y lo hacía con prisa. Shevchenko era un delantero muy móvil y con un radio de acción grande incluso para ojos de 2017, pero cuando salía del área jugaba para volver a ella con la mayor prontitud. Y como pasa cuando uno va con afán, fallaba. Perdía pelotas y erraba pases. El balón, no lo llevaba cosido al pie, como Henry, sino que le daba respiro a sabiendas de lo importante que era ese espacio entre cuero y cuero a la hora de armar la pierna para tirar a gol. Y en Milan todo eso funcionaba, no solo porque su aparato físico era más potente, sino porque los demás no jugaban como si el tren los estuviese dejando.

En Londres, y en el nuevo mundo, su afán se convirtió en lentitud. Sin la milésima de segundo de más que le daba su agilidad juvenil, Shevchenko rebotaba contra los placards defensivos de la Premier y sus pérdidas balones se convirtieron en inexcusables: Henry no la perdía. Tampoco llegaba a gol. Su técnica de disparo seguía siendo mítica, pero no podía sacarla a relucir, salvo cuando lo asistían: Shevchenko, con 30 años, no podía ser autosuficiente en el laberinto de Arsène, José, Alex y Rafa. ¿Era por falta de condiciones específicas? ¿O por como su mente ponía esas condiciones al servicio de su talento? En la Eurocopa de 2012 demostró que sí tenía la finura para detenerse y jugar en ritmos altos, pero en 2006, no lograba compensar así la falta de una chispa más de potencia o fuerza para hacerse tiempo y espacio fuera del área. Por ello, el móvil Shevchenko se confinó al espacio que siempre añoró y ahí su fracaso. Y también el de Crespo o Kezman, los otros dos delanteros del Chelsea de Mourinho.

¿Los ‘9s’ de la Serie A encajan dentro de la concepción del delantero moderno?

Ha pasado más de una década desde el penalti fallido de Shevchenko y el Calcio ha vuelto definitivamente. Y lo ha hecho, como no podía ser de otra manera, con una particularidad que se antoja anacrónica, quizá futurista: tiene delanteros centros estelares. Icardi, Mertens, Higuaín, Dzeko, Immobile. Tras una década en la que el delantero centro ha sido vilipendiando, la salud con la que goza la figura en la innovadora Serie A que estamos viendo es un aire fresco al juego. Sin embargo, viendo los perfiles de esos cinco jugadores, el único que quizá se adhiera al biotipo de los Agüero, Suárez y Benzema sea el crack del Napoli. Sobre los otros, especialmente sobre Icardi, que es el único que no ha sido probado fuera del ecosistema italiano, valdría la pena preguntarse si su fútbol, como el de Shevchenko, se podría perder en el camino entre dos ciudades.


25 comentarios

  • Juan Plaza 5 diciembre, 2017

    Ya en su día para mí Sheva era más un segundo punta que un 9. Al igual que Van Basten. Al igual que Ronaldo Nazario. Para mí Van Basten rayaba la perfección combinado con el 'chocador' Aldo Serena de 9 puro. Lo mismo que Nazario hizo el partido perfecto en aquella final de la Uefa frente al Lazio, con el guerrero Iván Zamorano de ariete de combate. Nunca me pareció que Sheva pudiese llegar al nivel del holandés ni del brasileño.

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  • 3-7-0 5 diciembre, 2017

    @Juan Plaza

    Es que llegar al nivel de Ronaldo es poco menos que llegar al nivel del mejor 9 de los últimos..¿ 40,50 años?

    Qué impactante era el triángulo Kaka-Crespo-Sheva. A través de la conducción brillante, rápida y habilidosa de Kaka, parecía que este podía habilitar a Sheva y Crespo en cualquier lugar del último tercio de campo. Diagonales hacia fuera, hacía dentro, se cruzaban…todo a ritmo de vértigo pero al llegar al área finalizaban como si fuera a balón parado!!

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  • 3-7-0 5 diciembre, 2017

    Casos como el que explicáis de Sheva demuestran la importancia de la evolución contínua del futbolista. Etapa de formación en la base, consolidación en el fútbol de élite (demostrando comprender el futbol en su globalidad), madurez (experiencia, buenas virtudes físicas aun, conocimiento propio y ajeno, capacidad de adaptación, regularidad…). Pero la última etapa, la de esos jugadores que pasan a depender de virtudes posicionales, mejoras técnicas, cognitivas,de especialización o que cambian de posición y así se mejoran, esa última etapa no todos la logran… Seguro que haríais un fantástico artículo sobre esos grande jugadores que en el final de sus carreras han sabido perdurar, mutar,o incluso mejorarse.

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  • AArroyer 5 diciembre, 2017

    @3-7-0

    Es que de no ser por el Depor de Irureta, ese Milan pintaba a hegemónico. Podían haberse llevado 4 Champions en 5 años si llegan a pasar ese cruce con el Depor y de no haber mediado el milagro de Estambul. Independientemente de los títulos, era un Milan asombroso. Lo de Kaka-Crespo-Sheva, mucha tela. Qué maravilla.

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  • Cobain 5 diciembre, 2017

    @AArroyer

    Desde luego…aquél Milán me hizo disfrutar muchísimo. Pirlo, Rui Costa, Seedorf y Kaká eran un medio del campo espectacular y luego Shevchenko, Crespo e Inzaghi las enchufaban que daba gusto. Después de unos años flojetes, ese Milán me recordó al de mi más tierna infancia, el de Sacchi, que para mí eran auténticos diablos con rabo y cuernos.

    PD Algún día haréis artículo sobre Rui Costa? Infravalorado o sobrevalorado?

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  • danityla 5 diciembre, 2017

    Aún recuerdo esa eliminatoria con su Kiev en el Camp Nou destrozando junto a Rebrov al Barça. Galopaban como pura sangres. Ese día para mí nació el mito.

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  • Eduardo Ustariz 5 diciembre, 2017

    @Juan Plaza

    Eso obedece a algo que me comentaba ayer el amigo de la casa @luther blisset. En los 60's y 70's se acusaba a ciertos entrenadores de poner en el desierto al ariete clásico, poniéndolos a jugar de interiores-delanteros, esto es, de "segundas puntas". A lo que se refería la crítica era a que el delantero centro ya no esperaba la pelota, sino que comenzaba a tener rutinas más móviles en plan "no estar para llegar", que creo fue el concepto rector del juego entre 1970 y 2000 y tantos.

    Shevchenko, por ejemplo, era muy '9' en cuanto a su trabajo sobre la defensa, su fútbol y su ansía rematadora, etc, pero era un demonio de ese concepto. Su movilidad no era tanto para jugar, como sería la de Benzema, sino para sorprender y rematar.

    Obviamente, desde mediados de los 80's a mediados de los 2000s, las parejas de delanteros eran algo muy extendido. Y aunque a veces eran conformadas por un segunda punta y un nueve, otras tantas era una pareja de delanteros centro. En esos casos, a veces había uno muy marcado para salir y jugar y otro más de punto de penalti, y en otras se intercambiaban por jugadas. Aquí en Colombia todavía los comentaristas hablan del "entrar y salir" para describir la relación ideal de dos delanteros en el frente de ataque.

    En el Milan, Shevchenko aunque era el que cubría más espacio, sí que se cambiaba mucho con Inzaghi, que también era muy móvil aunque dentro de un radio de acción menor. A Inzaghi en los 60s, 70s en Inglaterra le hubieran dicho que jugaba de interior y no de ariete ^^.

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  • Eduardo Ustariz 5 diciembre, 2017

    @ Arroyer

    Yo creo que ese Milan, en retrospectiva, fue el mejor equipo de la década anterior (Más allá del año de Pep). Quizás su pico de juego no fue tan alto como el de otros, pero su longevidad y competitividad sin duda lo ponen por encima de otros. Y es que es lo que dices. Que un poco más de suerte y hubiera ganado cuatro o cinco Champions…

    @ 3-7-0

    Mi artículo en realidad va de eso: cómo la mente de un futbolista forma su talento. Shevchenko, y lo demostraría después, tenía todas las condiciones para adaptarse y brillar en una Premier League que ya comenzaba a priorizar delanteros del paradigma actual sobre el anterior, pero su mente concebía el juego de otra forma y simplemente no logró adaptarse a tiempo a esa nueva realidad. Es un caso que me apasiona.

    El de Xavi Hernández, por ejemplo, es quizá el contrario. Antes de 2008, tenía muchísimo talento y eso se sabía desde antes de debutar, pero su juego no encajaba y perdía ante el paradigma de entonces. Cuando cambió el paradigma, cosa en la que él tuvo mucho que ver, sí, se convirtió en un centrocampista de leyenda.

    O en Twitter hablaba hoy de Recoba: al uruguayo lo quisieron convertir en enganche y director de juego durante gran parte de su carrera pues era lo que se estilaba y sin embargo su fútbol no era ese. Si hubiera nacido diez años después le habría tocado la época de los atacantes que partían de banda a pie cambiado y esa zurda hubiera tenido un escenario mucho más relacionado con sus posibilidades.

    Luego está el caso de jugadores que hayan empezado su carrera dentro de un paradigma y luego, con cambio de paradigma, hayan adaptado su juego y brillado bajo la nueva idea. Así, a bote pronto, se me ocurre Humberto Maschio.

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  • pedroseriea0822 5 diciembre, 2017

    Shevchenko,que delantero. Creo que su fichaje por parte de Berlusconi da inicio a la segunda etapa de su Milan,donde el fichaje de las grandes estrellas fue perdiendo peso en la ideología financiera de la institución por la búsqueda de jóvenes promesas.

    Un rematador imparable. Cruzándola con ambas piernas,de volea,de cabeza. 33 Goles con el Milan en Copa de Europa. Y Turquia,el país de sus sueños (póker al Fenerbache) y pesadillas

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  • Fernando 5 diciembre, 2017

    Muy bonito artículo, qué pasada el Milan de mediados de los 00s. En el caso de Crespo Y Shevchenko, evidentemente migraron hacia prados más verdes, pero… creéis que esa pérdida de influencia se debe a un cambio en el paradigma del fútbol global, o se vio acentuado por irse precisamente a la Premier? A mí me da la sensación de que, aunque años después los delanteros son otra cosa, en aquel momento aún podrían haber sido muy relevantes en España o Alemania, por ejemplo.

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  • CarlosViloria10 5 diciembre, 2017

    El gran Sheva, qué jugador. Y eso que sólo disfruté de sus últimos 2 años siendo TOP TOP. Era espectacular, una máquina de remate a gol.

    Recuerdo que era mi delantero favorito cuando jugaba con mi ps1, incluso por delante de Ronaldo (Y Roberto Carlos jaja), era tomar el balón a 50 mts del arco, disparar y gol… ¡por el ángulo inferior de la portería! Prácticamente le quemaba las manos al portero xD

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  • pedroseriea0822 5 diciembre, 2017

    Bueno hablando entonces de los delanteros de la SerieA Belotti (cuyo ídolo es Shevchenko),Inmobile e Icardi son los que trasmiten todavía aura de delantero anclado en el tiempo.

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  • Abel Rojas 5 diciembre, 2017

    @ Fernando

    Para mí, el principal problema estuvo en el Calciopoli y el descrédito que ello generó en la Serie A y el fútbol italiano en general. Fueron años negros que arrastraron mucho.

    @ pedroseriea0822

    Es que en realidad los 9s de Italia no han solido ser demasiado completos.

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  • pedroseriea0822 5 diciembre, 2017

    @Abel Rojas

    "Es que en realidad los 9s de Italia no han solido ser demasiado completos"

    Tratan de ser específicos, en el prototipo de 9 de Italia salvo contadas excepciones está el Gigante y el escurridizo.
    Los Toni,Altobelli,Vieri,Gilardino, Pelle de la primera.
    Los Inzaghi,Inmobile,Rossi en la segunda.

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  • @9Luther_Blissett 5 diciembre, 2017

    Es una pena no poder haber comentado antes porque el artículo da para pensar mucho en como evoluciona el fútbol sin que apenas nos demos cuenta pero al mismo tiempo de como muchos debates son cíclicos.
    Hoy en día asociamos la figura del delantero inglés clásico con un rematador pero que con los nuevos tiempos ha cambiado el paradigma hacía un jugador más asociativo y podríamos tomar las palabras de Benzema (otro delantero moderno aunque sea en la liga española) para describir a este jugador cuando dijo en la firma de ampliación del contrato:
    “Para mí un delantero no es sólo el gol, tienes que participar en el juego, abrir espacios para otros (…)Trabajo mucho delante de la portería para marcar más goles, pero un delantero dentro tiene que tener otras cosas: movimiento, pases, asistencias."
    Bueno el legendario jugador del Corinthians inglés Gilbert Oswald Smith ya hacía todo esto a principios de siglo XX aunque era muy conocido porque le daba miedo golpear el balón con la cabeza. Él no era el único jugador británico que se puede decir que entrase en la definición de Benzema sino que hay otros jugadores como Hugh Gallagher (Celtic, Preston North End y Sheffield United aunque a veces jugaba de interior con un delantero tanque y que mascaba una onza de tábaco mientrás jugaba el partido).
    Lo cierto es que tampoco se puede decir que fuera el paradigma existente en el fútbol inglés de antes de la Segunda Guerra Mundial pues convivia con delanteros como Dixie Dean (Everton), Harry Hampton (Aston Villa) o Jimmy Quinn (Celtic Glasgow), jugadores que eran capaces no solo de rematar cualquier balón sino también de enviar al portero dentro de las mallas (algo permitido entonces).
    Un momento clave para el cambio de paradigma inglés hacía un delantero rematador fue el Arsenal de Chapman. Este equipo encontró un gran delantero con buenas cifras en Jack Lambert (98 goles en 143 partidos en siete temporadas) y cuando tuvo que sustituirlo lo intentó con dos delanteros más creativos como Jimmy Dunne (10 goles en 28 partidos en 2 temporadas) y Ernie Coleman (26 goles en 45 partidos en 2 temporadas) pero finalmente encontraría su delantero ideal en otro rematador nato como Ted Drake (124 goles en 167 partidos en 11 temporadas). Desde entonces este equipo busco siempre un delantero rematador dotado de cierta agresividad y carente de nociones constructivas.
    Durante mucho tiempo este tipo de delantero fue el referente del fútbol inglés y en los años 50 Ted Crawford, entrenador del Bologna, declaraba abiertamente que Nordahl, uno de los mejores delanteros de la década de los 50, disminuía su eficacia porque se retrasaba más allá de la línea de interiores para construir el juego y crear espacios (además de para aparecer y no estar).
    Un último ejemplo lo daría Malcom Macdonald en su autobiografía cuando decía que a él cuando un entrenador le decía que debía retrasarse a buscar la pelota tomando una mayor parte constructiva en el juego, él directamente cambiaba de tema y lo ignoraba porque, decía Macdonald, el se conocía mejor que nadie y luego no estaría fresco para marcar goles.

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  • @9Luther_Blissett 5 diciembre, 2017

    Lo que quiero decir con todos estos ejemplos es que
    1) el paradigma de delantero inglés ha cambiado con el tiempo y hubo delanteros como los de ahora que practicaban un fútbol que podríamos llamar moderno.
    2) El delantero goleador se consolida con la WM en la que hay dos extremos clásicos y un delantero goleador, el paradigma cambia según cambian los roles de los jugadores (hoy en día pocos extremos alcanzan línea de fondo por lo que son necesarios otros movimientos)
    3) Las características del jugador son las que hacen el puesto y el sistema no es más que la disposición más adecuada para encajar a las caracteristicas de cada jugador (de nada sirve intentar que Andy Carrol juegue como Benzema, que Ibra corra al espacio como el Piojo López o que Mertens tengo el mismo papel rematador que Icardi). Luego cada entrenador debe tener la comprensión del juego para distribuir roles y corregir situaciones.

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  • Juantelar 5 diciembre, 2017

    Mi delantero favorito de aquella época y el único jugador del que he llegado a comprarme su camiseta (la del Milan). Desde aquella vez que se enfrentó al Madrid con el Dinamo de Kiev quise verle de blanco (jugando en el Real Madrid, me refiero). A mí me parecía un delantero muy completo. Y menuda dupla formaba con Rebrov, como ha dicho danityla.

    Es una pena que no cuajase en aquel Chelsea, donde a priori parecía que iba a encajar a la perfección. Siempre se hablaba por aquella época de que el Chelsea de necesitaba un delantero centro de primer nivel y siempre surgía el nombre de Shevchenko. Y cuando llegó…naufragó. Una pena que sus últimos años en la élite fuesen tan pobres y empañasen, en parte, su trayectoria. Pero aun así, delantero mítico. Y siempre conservaré su camiseta <3

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  • 3-7-0 5 diciembre, 2017

    @Eduardo José Ustaritz

    Casos de jugadores con finales de carrera apasionantes, me vienen a la cabeza unos cuantos: el final de Larsson con Barça y United, Blanc con United, Drogba con Chelsea, Klose con Lazio y Alemania, o el paranormal Maldini ….
    De esta época seguramente hablaremos del tramo final de Alves, Buffon, Aduritz, Lahm (además de CR y Leo claro)

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  • 3-7-0 5 diciembre, 2017

    @Eduardo José Ustaritz

    Un final de carrera en general poco valorado fue el de Cocu en el Barça en el primer año de Rijkaard. Pieza fundamental en el pivote defensivo acompañado por Davids y el por fin adelantado Xavi (Quien iba a pensar que cambiando a dos de estos tres la cosa seguiría funcionando y mejorando). Acostumbrado a verlo de interior de recorrido y llegador, estuvo muy firme en la posición de MCD. Sus temporadas posteriores con el PSV fueron de impacto también, incluso en Champions.

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  • 3-7-0 5 diciembre, 2017

    @Eduardo José Ustaritz
    "El de Xavi Hernández, por ejemplo, es quizá el contrario. Antes de 2008, tenía muchísimo talento y eso se sabía desde antes de debutar, pero su juego no encajaba y perdía ante el paradigma de entonces. Cuando cambió el paradigma, cosa en la que él tuvo mucho que ver, sí, se convirtió en un centrocampista de leyenda."

    Es un caso asomboroso y apasionante. Me encanta cuando dices " Cuando cambió el paradigma, cosa en la que él tuvo mucho que ver…" Y es que Xavi (no solo él) cambio el paradigma y el paradigma le cambió a él !!!

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  • Jose Luis Chilavert 5 diciembre, 2017

    @Eduardo Ustariz

    Y justamente ese "entrar y salir" que decis no es el que hacían en el Dinamo Kiev la dupla Andriy Shevchenko/Serhiy Rebrov? Era el dúo dinámico de moda.

    Recuerdo muy bien que la discusión en ese entonces era quien de los dos ucranianos era mejor. Rebrov era buenísimo.

    ¿Sera coincidencia que también Rebrov termino encallando en el futbol ingles (Tottenham Hotspur) como años después lo haría Shevchenko?

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  • Juan Plaza 5 diciembre, 2017

    @Jose Luis Chilavert
    Para mí Rebrov era el mejor de los 2 ucranianos. Pero claramente. Era el nuevo Zavarov. Pero al llegar a Occidente no cuajó. Y Sheva sí

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  • José Luis Chilavert 6 diciembre, 2017

    @Juan Plaza

    ¿Pero porque? Limitaciones técnicas ni físicas no había.

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  • Juan Plaza 6 diciembre, 2017

    @José Luis Chilvert
    Quién sabe. Inadaptación personal?

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  • Juan Plaza 6 diciembre, 2017

    Es curioso. Un goleador tipo Rummenigge, por poner un ejemplo, era segunda punta clarísimo en los 70 y 80. En los 90 también lo hubiera sido de seguir activo. Y a partir de 2000, aproximadamente, se hubiera ido desplazo progresivamente hacia adelante hasta acabar de último hombre en punta. Al revés, un indiscutible 9 para nuestros días como Harry Kane no lo hubiera sido en los 70 y 80. Ahí hubiera jugado con un chocador de área de compañero. Y en los 90 hubiera alternado partidos de ariete con otros de segunda punta.

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