Historia tecnico-cultural del fútbol japonés (I)


El milagro de Berlín, 1936: Terrible Belleza

Durante la Segunda Guerra Mundial, Luis Buñuel hizo frente a un desafío imposible. El Museo de Arte Moderno de Nueva York le encargó que manipulase “El Triunfo de la Voluntad” hasta convertir la monumental apología nazi de Riefenstahl en propaganda al servicio de los aliados. Luis Buñuel, militante comunista, se dedicó en cuerpo y alma a producir un documento antifascista que pudiera anular el tremendo poder visual de la película. Finalmente, proyectó el nuevo montaje a un selecto auditorio compuesto por Charles Chaplin, René Clair y Franklin D. Roosevelt. El cómico se divirtió con el resultado pero Clair guardó silencio. El presidente Roosevelt, por su parte, fue tajante: “No exhiban nunca esta película. Consérvenla, pero no la muestren. Si el público llega a verla, quedará convencido de que los nazis son invencibles”.

El trono de Hitler

Ni siquiera un genio del cine como Buñuel pudo eliminar la intensa belleza del arte ideológico de Leni Riefenstahl. La berlinesa pertenecía a la estirpe de los Eisenstein, Welles o Hitchcock, eruditos de la gramática fílmica consagrados a explorar las posibilidades de su arte. Pero en los Juegos Olímpicos de 1936, celebrados en Berlín, Riefenstahl superó sus propios límites para legar al mundo el primer documental sobre un gran evento deportivo, Olympia, obra que, con permiso de Kon Ichikawa, permanece insuperada.

De Olympia merece la pena recordar, por ejemplo, los saltos de altura, que Riefenstahl convierte en pura poesía al servicio de la imaginería clasicista de la Alemania nazi. A partir de 3:20 vemos que, merced a un soberbio manejo de la cámara, se pierde toda lógica espacial, confundiéndose incluso el agua con el cielo. La épica del saltador que desafía a la gravedad es la encarnación retórica del héroe hitleriano, que se lanza al vacío como el soldado corre a la batalla. Lamentablemente, Leni Riefenstahl no sentía el mismo interés por los deportes de equipo, que filma de forma rutinaria, evidenciando escasa intencionalidad estética. Sin embargo, uno de los acontecimientos más significativos de los Juegos del 36 tuvo que ver con el fútbol, en lo que vino a llamarse “el milagro de Berlín”.

Situémonos: 4 de agosto de 1936, cinco y media de la tarde. Suecia y Japón saltan al césped del Olympiastadion, actual hogar del Hertha Berlín. El conjunto sueco, de firme tradición británica, practica un fútbol basadoLa remontada de Japón ante Suecia causó un impacto en ambos país en el balón en largo, en cargar el área y en conducciones individuales. Los pequeños defensas japoneses son la víctima ideal para el contundente juego aéreo sueco, no tan físico como el inglés, pero igualmente poderoso. Tras los primeros 45 minutos Suecia vence por dos goles a cero. Pero Japón no se había rendido. Lo que sucedió en la segunda parte ha pasado a formar parte de la cultura popular sueca, que ha incorporado a su repertorio de frases hechas la retransmisión de aquél partido, a cargo del periodista Sven Jerring. Se trata del célebre “japaner, japaner, japaner”. “Japoneses, japoneses, japoneses. ¡Miren a los defensas japoneses! Son pequeños pero, en serio, ¡son duros! (…) Los suecos han luchado pero no pueden más. Japoneses saltando, arrojándose contra el adversario, harán cualquier cosa por conseguir la victoria…”.

Hoy en día la expresión “japaner, japaner, japaner” se utiliza en Suecia para sugerir que Japón es una cultura extraña e irritante, pero eficaz y disciplinada. Los viejos estereotipos sobre Asia reciclados en el siglo XXI a partir de una retransmisión de hace casi un siglo. ¿Qué sucedió en esa segunda parte en el Olympiastadion para provocar una impresión tan duradera en la cultura futbolística mundial? ¿En qué consistió el “milagro de Berlín”? Es fácil de explicar. Japón echó el balón al suelo…

Selección japonesa en los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936

Los orígenes remotos del fútbol japonés y su contexto ideológico

Para comprender el significado histórico y el impacto del “milagro de Berlín” será útil que repasemos la forja del modelo futbolístico japonés. Las referencias más tempranas al fútbol en Japón se remontan a 1868 y tienen que ver con grupos de británicos reunidos en torno al Club de Cricket de Yokohama. Aún así, los primeros partidos registrados datan de 1871 y fueron organizados por el Teniente Comandante Archibald Douglas entre el personal de la Academia Naval de Tsukiji, Tokio. En 1878 George Leland se incorpora al Instituto Nacional de Gimnasia y, siguiendo las teorías progresistas de Dio Lewis, intenta implantar en Japón una educación destinada a mejorar la forma física de las clases populares. Leland fue profesor de Tsuboi Gendo, autor del importante Kogai yûgihô [Reglas para los juegos al aire libre], publicado en 1885.

Integrantes de la Escuela Normal Superior de Tokio, 1905.
Se considera que es el primer equipo de fútbol japonés formado únicamente por nativos

Es interesante recordar que a finales del XIX la reglamentación del fútbol aún era bastante inestable, en permanente conflicto entre las tradiciones locales y los intentos de institucionalización. En el caso de Japón podemos observar esta mutabilidad de reglas en las diferencias entre la primera versión del Kogai (1885) y la segunda, publicada solo tres años después. Tsuboi Gendo realizó varias modificaciones. En la primera edición, Tsuboi había descrito el juego como una especie de guerra samurai, en la que cada equipo estaba dirigido por un comandante y marcar gol era como tomar un castillo. Esta jerga militar desaparece tres años después, se reduce el número de jugadores hasta ajustarlo a los estándares actuales y, ante todo, se simplifican las reglas referentes al fuera de juego.

Esta simplificación se explica, en gran medida, porque el fútbol era considerado una actividad recreativa propia de las escuelas de primaria y secundaria, con lo que era importante que sus reglas fueran de fácil comprensión. En este sentido su estatusEl fútbol, entonces, se practicaba sólo en las escuelas japonesas era muy diferente al del béisbol, ya deporte de masas y, más aún, vehículo ideológico de las autoridades. Mori Arinori, ministro de Educación entre 1885 y 1889, consideraba que el patriotismo, la obediencia y la condición física eran la base del moderno estado-nación; su objetivo era que la elite educativa –el profesorado- fuera un modelo nacional en el que se fundieran las “virtudes” de la disciplina y la fortaleza física. El béisbol, por su inmensa popularidad y carácter competitivo, entraba de lleno en esta militarización de la actividad física que contemplaba el deporte como un ejercicio destinado a preparar el cuerpo y la mente nacional para la guerra. El concepto de konjô (根性), que podríamos traducir por “agallas”, resume la filosofía política del nacionalismo Meiji, que pretendía controlar toda la vida social, incluyendo el deporte y la cultura. El fútbol, en todo caso, al ser considerado una simple actividad recreativa, se vio mucho menos afectado por la agenda ideológica de las autoridades.

Explicaciones básicas en un manual de 1905, Association Football (A Futtobôru, pp.112-113s)

Del crecimiento competitivo del fútbol japonés nos puede dar idea su secuencia de enfrentamientos con los equipos de colonos del Club de Cricket de Yokohama. En 1903 el Club gana 9-0 a un conjunto de estudiantes de la Escuela Normal Superior de Tokio. En 1905 el resultado es de 6-0. En 1906 la Escuela de Tokio solo pierde 1-0 y en el cuarto partido consiguen empatar, hasta que en 1910, se imponen por 1-0 al Club. A partir de ahí los resultados comienzan a favorecer a los tokiotas. Tsuboi Gendo, que dirigía una sección dedicada al fútbol –la pionera A shiki-, aprovecha el moderado entusiasmo que estas victorias generan en el público, y envía a sus estudiantes a difundir el “fútbol asociativo”.

Crecimiento y expansión: las raíces escocesas del fútbol japonés

1917 es una fecha clave en la historia internacional del fútbol japonés. Se celebra el Tercer Campeonato Mundial del Extremo Oriente en Shibaura, Tokio. Japón se impone en natación, tenis y béisbol. Sufre, sin embargo, una estrepitosa derrota en fútbol, cayendo por 0-5 frente a China y por 2-15 frente a Filipinas. A las autoridades deportivas japonesas les quedó claro que no era lo mismo enfrentarse a equipos británicos de aficionados que a selecciones bien preparadas.

La experiencia de la Primera Guerra Mundial contribuye a expandir los referentes del fútbol japonés. En 1919 soldados checos prisioneros en Rusia viajan a Japón y juegan varios partidos contra equipos de Kobe. En la misma época, un profesor de Hiroshima, Yoshitaka Tanaka, recibe una visión nueva del fútbol a través de un equipo alemán de prisioneros de guerra retenidos en la ciudad. Yoshitaka se convierte en el entrenador de la Escuela de Secundaria de Hiroshima, con la que logra llegar a la final de uno de los torneos más importantes del país. Ganará las dos siguientes ediciones.

Kyaw Din

La figura clave de este período, y acaso de la historia temprana del fútbol japonés, es el birmano Kyaw Din. Kyaw comienza a entrenar en Tokio en 1920, aunque pronto se traslada a Waseda, en donde formará a algunos de los mejores futbolistas japoneses de la época. Sus éxitos le animan a emprender un viaje por todo el país en el que enseña técnica y táctica en numerosas escuelas y equipos. En 1923 escribe un manual didáctico, “How To Play Association Football”, en el que explicaba, apoyándose en fotografías, los fundamentos técnicos y tácticos del juego. Uno de sus alumnos, Sadayoshi Kitagawa, explicó cómo era el fútbol antes de la llegada de Kyaw Din (testimonio recogido por el Museo Japonés del Fútbol): “El único tipo de fútbol que habíamos practicado hasta entonces (antes de Kyaw Din) consistía, en el caso de un defensa lateral como yo, en recoger el balón que había pateado un oponente y, sencillamente, cocearlo de nuevo. Si resultaba que el balón caía en los pies de un delantero rival, este intentaba regatearse a todos con la pelota controlada y yo intentaba quitársela”.

Esta descripción podría verse como una caricatura de la tradición británica. Kyaw Din puso el fútbol japonés patas arriba a partir de dos criterios básicos: pases en corto y velocidad de ejecución. Al aficionado a la historia táctica del fútbol no le sorprenderá descubrir que Kyaw Din, según sus propias palabras, había aprendido a jugar con maestros escoceses, firmes defensores de la asociación en corto y de la velocidad de ejecución. Los padres del “passing game”.

El “passing game” nacido en Escocia comenzó a extenderse lentamente pero sin freno.

Se suele considerar que el “passing game” y el “kick and rush” son los dos grandes filum tácticos primigenios, pero cierta vulgarización tiende a reducir el fútbol británico al juego directo. Esto es indiscutible para leyendas del “kick and rush” como los Wolves de Billy Wright, pero en sus orígenes la tradición británica era más reconocible por sus largas conducciones que por el balón en largo. El marcado individualismo aristocrático del fútbol inglés solo se modificó cuando las clases obreras del norte de Inglaterra comenzaron a incorporarse al deporte. Pensemos, por ejemplo, en los cambios de orientación de banda a banda del Blackburn Rogers, que deslumbraron a Inglaterra en la FA Cup de 1883. También fueron equipos del norte de Inglaterra, como el Preston North End, los que popularizaron la pirámide, el famoso 2-3-5. No parece casual que algunos de los jugadores más importantes del Preston fueran escoceses.

Pero no pensemos que el fútbol inglés aceptó sin más el juego combinativo escocés; sencillamente lo incorporó, de un modo conflictivo, a sus propias dinámicas. De hecho, el técnico inglés Jimmy Hogan fue apodado “el traidor” por inspirarse en el escocés Jock Hamilton. Por cierto que se ha resaltado menos de lo debido el papel determinante del fútbol escocés en el desarrollo táctico de este deporte, y pocos aspectos más olvidados que su rol como difusor del “passing-game” alrededor del mundo. John Prentice fue el encargado de dar a conocer el fútbol asociativo en China, Charles Miller lo llevó a Brasil y Watson Hutton a Argentina. Aunque la figura de Kyaw Din permanece inexplorada, quizá deberíamos añadirle a esta ilustre nómina de docentes influidos por la filosofía escocesa.

En 1925 se celebra el Octavo Torneo de Fútbol y las ideas de Kyaw se ven refrendadas por un éxito tan simbólico como revelador. Los chicos de la Escuela secundaria de Kobe, entrenados por Kyaw Din, consiguen alcanzar la final, pero deben enfrentarse a la Escuela Preparatoria de Mikage, que había ganado todas las ediciones del Torneo. Además, los estudiantes de Mikage son dos años mayores que los de Kobe, con lo que la superioridad física es aplastante. Sin embargo, los pupilos de Kyaw logran imponerse gracias a la velocidad y solidaridad de su juego. Esta victoria parece anticipar la fórmula con la que Japón debería enfrentarse a los conjuntos occidentales, tan superiores en talla y complexión física. La excelencia técnica es el camino elegido.

Hacia el milagro de Berlín

En 1925 la International Board modifica la regla del fuera de juego. La WM responde a la pirámide y el fútbol accede por fin a la pubertad. Dos años después se celebran en Shanghai los Octavos Juegos del Lejano Este, y Japón envía un combinado en el que destacan dos alumnos de Kyaw Din: Shigeru “Noko-san” Takenokoshi y Shigeyoshi Suzuki, ambos de la Universidad de Waseda. La mejoría técnica y táctica del conjunto japonés queda clara tras vencer 2-1 a Filipinas, 10 años después de aquél humillante 2-15. Sin embargo, el fútbol japonés aún tenía mucho camino que recorrer para competir con los países occidentales. En 1928 la Universidad de Tokio, gran dominadora de la escena doméstica, juega dos partidos en Shanghai, cayendo por 5-3 y por 5-0 frente a un combinado local y a un equipo de las fuerzas de ocupación británicas respectivamente. Aún quedaba camino por recorrer para lograr la competitividad.

En este manual para profesores de educación física (1929) se toma la pirámide (2-3-5) como el dibujo táctico por excelencia

En este punto hay que tener en cuenta la fascinación estética que la República de Weimar ejercía sobre la cultura japonesa en los años veinte. Los aficionados al manga de terror podrán reconocer ese ambiente en los cómics de autores de terror contemporáneo, como Suehiro Maruo. El auge del militarismo a partir del fin de la era Taisho (1912-1926) favoreció ese interés. No es de extrañar, por tanto, que el fútbol japonés se fijase en Alemania durante su búsqueda de nuevos impulsos organizativos. Quizá la refinada “Escuela del Danubio” podría haberle sido más afín a la naciente tradición japonesa, pero fue una traducción del Fussball de Otto Nerz –hecha por Yukichi Hamada en 1927- la que difundió el fútbol germano en Japón.

La memoria de Otto Nerz estará siempre marcada por su desinterés hacia el fútbol veloz y asociativo del Schalke 04, uno de los mejores conjuntos de la época. Él único “carbonero” fijoEl Schalke 04 fue uno de los grandes ejemplos del juego asociativo en la selección germana fue Fritz Szepan, al que Nerz sitúa en la zona central del eje defensivo de una WM inspirada en el Arsenal. Así, mientras que Chapman situaba en retaguardia a defensores de formación como Butler, Nerz alejaba del ataque a su jugador más habilidoso. El sistema rindió a satisfacción en el Mundial de Italia pero la derrota frente a Noruega en el Mundial de Berlín provocó un relevo en el banquillo alemán. El segundo entrenador, Sepp Herberger, se hace cargo de la selección, convoca a Kuzorra –el gran damnificado de Nerz- y abraza la raíz austríaca de la “peonza” del Schalke, dando comienzo a una de las mejores etapas del fútbol germano.

Podríamos colegir que el paréntesis británico de Otto Nerz, controvertido por soslayar a los jugadores más talentosos de Alemania, se contradecía con la tradición de excelencia técnica asimilada en Japón. En todo caso, a finales de los años veinte las autoridades deportivas japonesas, sin discutir el “passing game”, dedicaban buena parte de sus esfuerzos a mejorar la cultura organizativa de la selección. El clima belicista comenzaba a exigir victorias a su equipo nacional; en concreto, que se impusiera a China en los Novenos Juegos del Lejano Oriente. Shigeyoshi Suzuki y Noko-san –alumnos de Kyaw Din, recordemos-, deciden concentrar a la selección durante cincuenta días para que los jugadores comprendiesen la importancia de unir el sacrificio y la solidaridad a las habilidades técnicas. La selección empata 3-3 con China, compartiendo ambos países el título. La opinión pública interpretó el resultado como una victoria y, tras alcanzar la cima en el ámbito asiático, se comienza a pensar en el mundo.

El gol de Matsunaga

Delegación japonesa en Berlín, 1936

1936. Mickey Mouse invade Japón y nosotros volvemos al principio de esta historia, al Olympiastadio de Berlín. Japón debe remontar un 0-2 frente a Suecia, uno de los mejores conjuntos europeos de la década. En el vestuario, el entrenador, Shigeyoshi Suzuki, toma las riendas y se dirige a sus jugadores, instándoles a olvidar el resultado, a olvidarse incluso de dónde estaban. Era el momento de acallar las dudas y los deseos, y salir al campo a vencer. El defensa Horie lo resumió así: “Olvidarse de todo y luchar hasta el final. No rendirse jamás”.

Desde el minuto 45 Japón se hizo con el dominio del medio a partir de combinaciones rápidas y precisas. Suecia estaba siendo literalmente barrida por el “passing game” de los pequeños japoneses que, además, se anticipaban a todos los balones en largos. Según los comentaristas de la época, destacaron sobre manera los hermanos Kamo (Shogo y Takeshi), ambos formados en la Universidad de Waseda. A los cuatro minutos de la reanudación Shogo Kamo marca el primero para el Japón y Ukon sitúa el 2-2 en el 62′.

Y en el minuto 85 Akira Matsunaga marca el definitivo 3-2, provocando una explosión de júbilo en los hinchas japoneses, que invadieron el campo al final del partido.

Los aficionados japoneses saltan al césped tras la victoria sobre Suecia

En el siguiente partido la selección cae frente a Italia por ocho a cero, acabando con las esperanzas japonesas, pero no con su euforia. El régimen, cada vez más abiertamente fascista, instrumentaliza el deporte y la cultura para que sirvieran de vehículo propagandístico. Momotaro, el niño melocotón, se va a la guerra para convencer a millones de niños de que las armas y el imperio eran el destino manifiesto de la nación. Dirigentes comunistas, socialistas y demócratas son asesinados o encarcelados. La comunidad internacional cancela el Mundial de Tokio 1938, en protesta por el incidente de la Brigada Marco Polo en China. La carrera imperialista ya es irreversible y el fútbol japonés interrumpe su desarrollo hasta bien avanzada la posguerra. En 1964 Checoslovaquia vapulea a Japón 4-0 en las Olimpiadas de Tokio, el fútbol japonés vuelve a la casilla de salida, superado por selecciones con mayor físico. Pero el camino para seguir creciendo ya estaba trazado. Excelencia técnica, juego asociativo… y el resto, es historia.


16 comentarios

  • postmoe 14 junio, 2014

    Y la influencia Brasileña, cuándo llegó? Porque es muy fuerte (he jugado en equipos con algunos Japoneses)

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  • @migquintana 14 junio, 2014

    Realmente increíble, Otsuka. Tremendo todo el trabajo de documentación. Espectacular cómo has ido uniendo hilos hasta tejer este articulazo en el que vamos entendiendo todo el proceso del fútbol en Japón. Eso sí, nos tienes que explicar aún más que pasó en aquel Mundial ante Suecia, porque tal y cómo lo cuentas parece más que un milagro.

    @Postmoe

    Será posterior, ¿no? Supongo que esa influencia brasileña irá más hilada a la J-League y al desembarco de brasileños que hubo ya hace un tiempo. Además, hasta donde sé, allí admiran sobre manera a la selección brasileña.

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  • juanjose 14 junio, 2014

    Haced uno de corea please.

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  • @JuanDV14 14 junio, 2014

    Enorme el texto. Un lujo encontrarse con documentaciones de este calibre.
    Como detalle destacar que en el 2-15 de los Juegos 1917 con el equipo de Filipinas jugaba un jovencísimo Paulinho Alcantara que en aquella época había vuelto a Filipinas con sus padres.

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  • Postmoe 14 junio, 2014

    Miguel, no sólo admiran a Brasil, es que juegan con carrileros desde inferiores. Ponen a los buenos de carrileros. Es otro mundo.

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  • javimgol 14 junio, 2014

    Extraordinario reportaje.

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  • kay 14 junio, 2014

    Ole. Enorme artículo.

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  • Abel Rojas 14 junio, 2014

    Me fliparía un vídeo en plan making-off con el desarrollo que ha llevado a Otsuka a escribir este texto. Me parece impresionante la documentación imposible que ha encontrado. Y más increíble aún que con tanta información haya escrito un texto tan dinámico.

    A propósito, a mí estos textos me confirman algo que siempre he sospechado: vale que el fútbol actual se ha mediatizado y tal, pero en realidad hemos estado todos locos desde el primer día. No sé, cosas como esta: "Pero no pensemos que el fútbol inglés aceptó sin más el juego combinativo escocés; sencillamente lo incorporó, de un modo conflictivo, a sus propias dinámicas. De hecho, el técnico inglés Jimmy Hogan fue apodado “el traidor” por inspirarse en el escocés Jock Hamilton." antes de que el fútbol empezase a televisarse como quien dice me parecen la repanocha.

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  • Kundera 14 junio, 2014

    @Postmoe y miguel

    Vaya por delante que yo no tengo la menor idea, pero que, a sabiendas que el desembarco de gente como Zico en la J-League debió ser un impacto cultural colosal, hay que decir que en Captain Tsuabasa, un manga de los 80's, ya se apreciaba la enorme admiración por el fútbol brasileño ^^.

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  • alfredomdc 14 junio, 2014

    Mi más sincera enhorabuena por el artículo. Me imagino teniendo que hacer un artículo sobre los orígenes del fútbol en Japón, y lo primero que pensaría sería: "Bah, pero si no habrá ni libros sobre ello". 😀 Yo es que ni sospechaba que que las raíces llegasen tan atrás… 1868, madre mía. Ni la Guerra Franco-prusiana había comenzado. Ni Alemania ni Italia estaban unificadas; la Guerra Civil USA acababa de terminar… La verdad es que lo pienso y me da un ligero vértigo.

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  • otsuka 14 junio, 2014

    Muchas gracias a todos, me alegra un montón que os guste el texto. Y gracias a Ecos del Balón por publicármelo, es un auténtico orgullo compartir espacio con vosotros y con toda la comunidad :)

    @ Postmoe. Influencia de Brasil

    En la segunda parte de esta historia hablaré un poco de la influencia brasileña en el fútbol japonés. Yo creo que hay que tener en cuenta dos factores por encima de todo. El primero es que la emigración japonesa hacia Brasil fue muy importante, que comenzó a principios de siglo XX. Japón tenía un problema severo de paro y Brasil, tras la abolición de la esclavitud, necesitaba mano de obra para sus plantaciones. Eso sentó las bases para una relación que aún continúa. Algunos jugadores importantísimos en Japón como Kazu o Tulio Tanaka son ni-sei, es decir, "segunda generación", hijos de aquellos inmigrantes.

    El segundo factor es, como dice Quintana, la admiración por el nivel técnico de Brasil, que encajaba con el modelo japonés. Esto fue algo generalizado en todo el mundo y desde el 70 Brasil comienza a exportar jugadores a las grandes ligas. Pero el mercado europeo no estaba tan dispuesto a fichar entrenadores brasileños, así que estos miran hacia Oriente Medio. En el 76 Zagallo llega a Kuwait y Parreira le releva en el 82; Santana se va al Al Ahli en los ochenta, Scolari al Al Shabab en el 84… Esta emigración hacia Oriente, que se produce porque Europa le cierra las puertas a los técnicos brasileños, termina por llegar a toda Asia. El propio Scolari, por recoger uno de los nombres citados, llega al Jubilo Iwata en el 97.

    Por último, y como anécdota, se dice que un ni-sei japonés, Sergio Echigo (Corinthians), fue quien le enseñó a Rivelino a hacer la elástica ^^

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  • otsuka 14 junio, 2014

    @migquintana

    Según la prensa sueca, Japón dio una lección de arrojo y agresividad contra Suecia, pero la prensa alemana destaca mucho más el nivel combinativo de la línea de 3 arriba. Entre las cosas que dejé fuera fue algún comentario sobre el 1-6-3 de Japón, la "formación kamikaze", como se apodó tiempo después. Los vídeos que hay del partido no son los más adecuados para juzgar, claro, pero se ve claramente que los puntas japoneses desbordaban con tremenda facilidad a su par sueco, limpiándoles sin problema y logrando superioridades constantes. Por otra parte, el 9 japonés era un falso 9, no en plan Sindelar, pero sí que caía constantemente al medio campo. Entre otras cosas, porque sería ridículo disputarle balones aereos a Suecia xDD

    @ Abel Rojas

    "A propósito, a mí estos textos me confirman algo que siempre he sospechado: vale que el fútbol actual se ha mediatizado y tal, pero en realidad hemos estado todos locos desde el primer día"

    Totalmente. Es que es impresionante estudiar el fútbol clásico, porque te encuentras la misma pasión de nuestros días unida a cierta fascinación por encontrar los límites del juego. Nosotros hemos tenido la suerte de vivir la era de Guardiola en el Barça que nos permite intuir lo que significa descubrir nuevos caminos tácticos. Pero, ¿somos capaces de imaginarnos la emoción que pudo sentir el aficionado del Blackburn cuando su 2-3-5 revoluciona el fútbol? ¿Las discusiones en tabernas y vestuarios sobre las implicaciones tácticas del fuera de juego? Uno piensa en Hugo Meisl y Vittorio Pozzo discutiendo la forma de llevar aún más lejos las teorías de Chapman… y siente hasta vértigo, como dice @alfredomc. El fútbol es una pasada ^^

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  • @SVilarino 14 junio, 2014

    Espectacular, Otsuka. Qué gustazo leer textos de este calibre. Aprendiendo desde la primera mayúscula hasta el punto final.

    Sobre la influencia del fútbol brasileño hay que hacer también referencia a que desde 1980 Japón es la sede de la Copa Intercontinental y eso hace que los japoneses disfruten de primera mano del Flamengo de Zico o del Gremio de Renato Gaúcho. Esto, la presencia de los pioneros brasileños en la liga japonesa (el precedente de la J-League), como por ejemplo Ruy Ramos, que llegará al Yomiuri SC (actual Tokyo Verdy) y lo convertirá en el mejor equipo de Asia, o del propio Zico al Sumitomo Metal (actual Kashima Antlers, algo increíble si nos paramos a pensarlo este fichaje), donde creará una mini colonia brasileña, influyen también muchísimo.
    Además, como ya comentó Otsuka, el fútbol alemán tiene gran influencia en Japón, aunque quizá no tanto como en Corea del Sur. La influencia de Nerz, el trabajo de Dettmar Cramer en los 60 con la selección y el éxito ochentero de Yasuhiko Okudera y Satoshi Tsunami en la Bundesliga son clave en este fenómeno.

    Esperamos la segunda parte!!!

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  • @JVargas101 14 junio, 2014

    Qué maravilla de reportaje, por favor. Me tira mucho todo lo japonés, así que podréis imaginar lo que he disfrutado leyéndolo. Enhorabuena y gracias.

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  • Loncho 14 junio, 2014

    Wow, qué genialidad, cuanto se aprende con cosas como esta. Y cuantas ganas de ver a Japón, aún recuerdo el partidazo que le hace a Italia en las confederaciones.

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  • @umas21 14 junio, 2014

    Enorme artículo, qué maravilla!!

    La verdad es que lo del fútbol asociativo japonés y su pasión por al técnica refinada, era algo que siempre había asociado más a rasgos culturales que históricos. La verdad es que la conciencia de grupo en japón y en general en toda asia, tiene matices absolutamente diferentes a los que tiene en Occidente.

    Sin ir más allá un estudio publicado en Science hace no muchos años, revelaba que los japones, cuando hacían referencia a su yo, activaban regiones cerebrales asociadas a cuestiones sociales, identidad grupal, etc, mientras que los sujetos occidentales (Estadunidenses) no mostraban dichas activaciones.

    Entre otras cosas esa conciencia grupal y de responsabilidad colectiva, era una de las explicaciones de su futbol asociativo y de la falta de punch y "carisma" de sus individualidades. Y sin embargo resulta que una de sus primeras influencias fue el "passing game" escocés. Maravilloso!

    En cuanto a la influencia brasileña es evidente que es muy potente pero @postmoe no tenia ni idea de los carrileros de hecho al jugador prototipo japonés lo asociaba a zico, no a marcelo (xD) pero vamos que superinteresante lo que comentas.

    Para terminar ya que es inevitable hablar de la cultura japonesa moderna sin hacer mencion al manga, os dejo una serie muy curiosa que he descubierto hace un par de semanas, la serie se basa en un exjugador japones que ha debutado como tecnico en inglaterra y vuelve a japon para hacerse cargo de su equipo (uno de los peores de la liga) y devolverla gloria
    http://www.filmaffinity.com/es/film562820.html

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