El primer y gran continente


“Se lo dejamos muy claro: lo tienes difícil para entrar pero si trabajas tendrás una oportunidad (…). Y en pretemporada volaaaaba. Nos queríamos matar. En los entrenamientos volaba”. Un 23 de enero de 2012, tras una lesión de ligamento cruzado y menisco interno superada con un mes de antelación que impidió que se produjera su traspaso al fútbol turco, Diego Costa se iba cedido al Rayo Vallecano, veinte días después de la llegada de Diego Simeone al Atlético de Madrid. Cinco meses, una salvación y diez goles después Costa partía con desventaja en la exigente pretemporada del verano posterior a aquella cesión. Adrián había cuajado su mejor curso profesional y Costa debía luchar por la última plaza de extracomunitarios con Eduardo ‘Toto’ Salvio. En continua progresión de su lenguaje como gestor, Simeone comenzó a comprobar que ese chico respondía a todos los estímulos que recibía. El mensaje del técnico argentino se construía para interpretar señales desde las que hacer progresar potenciales futbolísticos. Y en Costa, Simeone descubrió América.

Costa quiso romper su molde. Y Simeone era justo lo que verbalizaba: negar el techo a su equipo

“Nosotros necesitamos nuevos chicos todos los años. Mentes nuevas y vacías en las que volcar nuestras ideas, crear un deseo y fomentar la competencia interna. Gente que nos haga caso, pues los viejos ya se saben la rutina. Con los nuevos pones en alerta a los que están”. De alguna manera, Diego Costa comenzó a empaparse de ese deseo desde el primer momento que se gana un lugar en la plantilla. A los tres meses se hace con la titularidad, y su fútbol, simple pero determinante, crece por puro hambre. Permanece inalterable en su esencia, hasta el día de hoy, una voracidad inconformista en su manera de jugar. La fricción, la disputa, la necesidad de superar un marcaje, los movimientos largos y pronunciados… Logrando poco a poco despegarse de un arsenal técnico más que trabado y desobediente, Diego Costa termina la 2012-2013 como un futbolista diametralmente opuesto al vertical y lineal atacante que se echó a la carretera en años anteriores. El trabajo derivó en importancia en el equipo, aumentó su confianza y con ella, apareció el atrevimiento como complemento al aprendizaje de tocar a varias alturas, caer a banda y darle espacio y tiempo, la clave de su despegue definitivo, a sus carencias técnicas y de cabeza gacha.

“No pienso en la dificultad que supone su marcha sino en lo mucho que le dio al club”. La segunda mitad de temporada de Costa, con un rendimiento goleador sensacional en la Copa del Rey que terminó por conquistar su equipo, acercóSuperar a Adrián, suplir la baja de Radamel e igualar a CR7 y Leo al de Lagarto a su condición de referencia ofensiva. Su progresión había perdido el disco de frenado por el camino, así que la marcha de Falcao fue el coste de oportunidad que Costa necesitaba para modificar su estatus a todos los niveles: en plantilla, en la Liga, en su posición a nivel continental. En este paso al frente se edifica su actual estado personal y profesional que no es sino el de la total responsabilidad de fabricar goles todos los domingos sin excepción, algo que definía la era de Cristiano Ronaldo y Lionel Messi, con los que comparte campeonato doméstico. Costa debía igualar su ritmo de producción si el objetivo era el que no podía ser nombrado a ojos de su mister, creador de aquel eslogan que no divisaba más horizonte que los próximos 90 minutos.

“La Liga es lo más importante. La Liga es lo que te da la vida”. Como resumen de su temporada hay tres momentos entre los 38 que compusieron una temporada que Diego Costa elaboró como autodefinido: Pizjuán, Bernabéu y San Mamés. En la primera jornada de Liga, Costa contestó con un primer sustantivo: autonomía. Había aprendido a recibir un balón en cualquier punto del rectángulo y darle utilidad, comprendiendo el tempo del contragolpe y los carriles por donde sus compañeros procedían a incorporarse. Crear la ocasión por pasos o buscar la individual a través de pegajosos y punzantes sprints. Su gol en el Bernabéu fue la respuesta añadida a su constancia y profundidad, estando preparado para aportar fiabilidad en días claves, algo que terminó repitiendo en cada cita resaltada. En San Mamés se disfrazó de portavoz en un momento de la temporada en el que el Atlético era líder y en un momento de partido que daba a Costa el total y único protagonismo. Con su característica cabalgada tras descolgarse hacia su perfil más potente y una consecuente definición mordida.

El ambicioso paso al frente de Costa compartía escala con el paso al frente del Atlético de Madrid

La temporada 2013-2014 de Diego Costa es el reflejo de lo que Simeone idealizaba en su cabeza cada madrugada. Cómo tener a un cabo y hacerlo un general al mando de una ofensiva que gritaba ¡Costa! ¡Costa! para sostener un ritmo de 90 puntos. La transformación de un artesano que desde el casi frikismo pasional recibió un bloque de plastilina para terminar entregando al equipo un discípulo de terracota presumiblemente titular de la mejor selección de la historia en los albores de su defensa del Mundial, en pleno Brasil. Una vez Simeone cumplió consigo mismo regalándose 20/38 jornadas con portería a 0 –su verdadero patio interior de flores y cántaros-, Diego Costa le correspondió otorgándole los tres palos que cerraban el campo. Todo por valor de una Liga.


6 comentarios

  • @DavidLeonRon 19 mayo, 2014

    Al final no hubo Liga de 100 puntos (de hecho ha sido de 90) pero Costa sí se ha comportado como el jugador de tal. Durante 7 meses (excluyo los dos últimos donde ha petado físicamente), el brasileño ha sido Messi, ha sido Cristiano. Ha sido el gol que te daba el partido que no esperabas.

    Solo así se puede ganar una Liga.

    Lástima que haya llegado tan mal al hipotético Mundial y a la final de la Champions pero claro, ¿quién resistía tal desgaste?

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  • kay 19 mayo, 2014

    Y hace no mucho dudaban si entre él y Salvio. Y con fundamento. Ojo a eso…puf.

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  • MarcGallagher74 19 mayo, 2014

    Ha sido el principal catalizador del "partido a partido" porque al fin y al cabo, su determinación sumada al caudal de goles y buenas apariciones han aportado al equipo un combustible precioso. Yo pienso en Costa y lo primero que me viene a la cabeza es Hambre. La aparición domingo tras domingo, la constancia de cada semana que te hace pelear por esta carrera de fondo.

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  • Abel Rojas 19 mayo, 2014

    @ Gallagher

    Y ahí estuvo jugándose el músculo a una semana del partido más importante de su vida.

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  • Jandofler 20 mayo, 2014

    A veces, viéndole, con toda su historia de barro y arañazos y lo que representa, me pregunto si no estaremos ante algo más bestia de lo que parece…

    No sé por qué me da que vamos a recordar el mundial de Diego Costa.

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  • Jack Bonaventura 20 mayo, 2014

    Totalmente de acuerdo con todo lo dicho tanto en el gran artículo de Alejandro Arroyo como en los comentarios.

    Y si. El techo de Costa no está claro, rinde e inspira temor de delantero TOP sin serlo (si consigue ser mas "fino en su golpeo" lo será). Es América, su techo es totalmente desconocido.

    Y como bien han dicho, Diego Costa no es "solo" América, es toda su hambre. Esa es la definición de Costa: Hambre.

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