Partizanove Bebe


Andrija Zivkovic es un medio ofensivo, zurdo, menudo, versátil, fino, ligero, preciso e ingenioso, juega en el Partizan de Belgrado y nació en Nis, una ciudad del sur de Serbia en la que no nace cualquiera: su símbolo es Dragan Stojkovic, el último gran 10 de Yugoslavia, el mismo que supo que Míchel no se estaría quieto en la barrera española en aquel partido de octavos en Italia 90. Zivkovic es un brasileño nacido en los Balcanes, una revelación de talento que reafirma que, pese al desmoronamiento de Yugoslavia, en aquellas tierras, sobre su césped y bajo sus nubes, siguen brotando los brasileños de Europa: privilegiados en lo técnico, astutos, algo fríos y dispersos, pero de imaginación callejera y salvaje. Zivkovic también es muy joven. Tiene 17 años desde julio. Y ya forma parte de la selección absoluta serbia, siendo el más precoz internacional de su historia y asentándose en su equipo como un futbolista determinante, con goles, asistencias y relevancia. El milagro de Zivkovic –quien debutó en la Superliga el pasado abril- es el milagro del Partizan de Belgrado, un club en el que la producción de talento funciona como una rutina eficaz, puntual y fértil.

Sus cosechas del último lustro le han devuelto la marca Partizanove Bebe, los Bebés del Partizan, aquella generación de comienzos de los años 60 que casi le gana una Copa de Europa al Real Madrid yé-yé con varios chicos forjados en la casa, con un estilo y una filosofía similar a la que está poblando ahora importantes clubes europeos con futbolistas surgidos de la cantera partisana: Jovetic y Nastasic (Manchester City), Adem Ljajic (Roma), Lazar Markovic y Sulejmani (Benfica), Mitrovic (Anderlecht), Marko Scepovic (Olympiacos), Radovanovic (Chievo Verona) o Stefan Savic (Fiorentina). Todos son internacionales (Jovetic y Savic, montenegrinos), casi todos recién salidos de la adolescencia. Pero la actual selección serbia también se compone con futbolistas no criados durante todas las etapas formativas en el Partizan, pero sí incorporados al primer equipo en torno a los 20 años: Zoran Tosic (CSKA), Ljubomir Fejsa (Benfica), Antonio Rukavina (Valladolid) o Radoslav Petrovic (Genclerbirligi). O, además, con futbolistas que el próximo domingo se vestirán, jóvenes y osados, las rayas negras y blancas en Belgrado: Zivkovic (17 años), Milos Jojic (21) y el comandante Vladimir Stojkovic (30), portero que apareció no hace mucho por Getafe. Estamos pues, ante un Partizan de Serbia, una idea aglutinadora, en todo caso, algo alejada de las esencias fundacionales crno-beli.

La mayoría del talento serbio del último lustro ha salido de la cantera del Partizan.

El Partizan se instituyó en 1945 como club del JNA, el ejército popular yugoslavo, en homenaje a los partisanos comunistas que combatieron a los nazis en la Segunda Guerra Mundial. Del mismo modo queEl Partizan como el emblema deportivo del federalismo de Tito los veteranos partisanos alimentaron las bases del JNA, el Mariscal Tito también llenó las filas del Partizan de coroneles, generales y soldados durante los años 40 y 50. Tito quería un club para las élites militares, pero sobre todo un contrapeso deportivo y social para otros equipos con más presencia en las calles y con mayor contenido nacionalista croata o serbio, como Dinamo de Zagreb o Estrella Roja. El Partizan sería el reflejo de lo que el JNA representaba entonces en la Yugoslavia plurinacional, del comunismo autogestionario y desalineado de Moscú: el ideal federal yugoslavo, con soldados y mandos eslovenos, croatas, serbios, bosnios musulmanes, montenegrinos, kosovares, macedonios, serbosnios, bosniocroatas o serbocroatas. Si el ejército, como máxima expresión del régimen centralista y unificado, vigilaba por ese ideal y alzaba la espada de la oposición a los nacionalismos regionales duros, el Partizan serviría como emblema deportivo del auténtico nacionalismo yugoslavo, como bandera del sentimiento panyugoslavo que protegió siempre Tito.

Por eso, el Partizan se relacionó siempre con los militares y el federalismo, como el equipo de toda Yugoslavia, con jugadores, en el periodo comunista, llegados de todas las minorías étnicas, mientras que el Estrella Roja ha sido un club históricamente más ligado al nacionalismo serbio y a la Iglesia Ortodoxa, su traje alegórico frente al JNA. Como sucedió con tantas otras cosas, el desmembramiento del país y los cambios políticos y geográficos cambiaron profundamente el paisaje también en el fútbol. Si el Estrella Roja, por títulos y prestigio (Copa de Europa de 91), fue el gran equipo serbio de la vieja Yugoslavia; ahora, el Partizan es el gran equipo serbio de la joven Serbia. No deja de ser paradójico el destino de esta rivalidad: el Estrella Roja, el club de los serbios, brilló en Yugoslavia, cuando, ahora, el Partizán, el que fue club de los yugoslavos, domina en Serbia: ha ganado 14 de las 21 ligas que se han jugado desde la forzosa independencia (las últimas seis, consecutivas). Y la selección no ha sido ajena a ese proceso.

Eso es ahora. Pero el Partizan también tuvo sus momentos de esplendor en blanco y negro. Especialmente, como incubadora de varios de los mejores futbolistas yugoslavos de la historia. A finales de los años 50, ya funcionaba como un club de aspiraciones federalistas en la gestión de su modelo deportivo. Su presidente era el coronel Franjo Tudjman, quien varias décadas después encabezó el movimiento nacionalista croata y sería el primer líder político de la Croacia independiente. Otra de esas sarcásticas paradojas tan balcánicas. Hubo un tiempo, en cambio, en que Tudjman fue yugoslavo y del Partizán. O eso decía. Su intención era formar un gran club nacional, así atrajo desde Croacia a tres futbolistas que son leyendas crno-beli: el delantero Stjepan Bobek, el central Bruno Belin y el polivalente Branko Zebec. Ser el equipo del ejército le valió al Partizan para aprovechar la maquinaria de los servicios militares de la época y así destinar a Belgrado a los mejores futbolistas veinteañeros de todo el país (serbios y no serbios), eso explica también, en parte, su tradición juvenil.

Con Bobek, Belin y Zebec, el Partizan comenzó a imponerse como fuerza del fútbol yugoslavo, rivalizando con el Estrella Roja de Sekularac y Kostic o el Dinamo de Zagreb de Jerkovic. A principios de los años sesenta, ganó las ligas de 1961, 1962, 1963 y 1965En la década de los 60 dominó por completo el fútbol yugoslavo y el equipo era la viva definición de su apuesta, durante los años previos, por unas categorías inferiores que movilizaban a los mejores futbolistas de Belgrado y su alrededor, pero también cualquier talento que asomaba en otras esquinas de Yugoslavia, sin importar la sangre de las venas ni el credo de su espíritu. Aquella generación de canteranos, casi todos nacidos entre 1938 y 1944, recuerda que la fecunda academia que hoy alimenta al Partizan es, en efecto, una cuestión genética, como si el paso del tiempo fuera su cordón umbilical. El techo de aquel equipo fue la final de la Copa de Europa de 1966 contra el Real Madrid en Bruselas. A falta de 20 minutos, un gol de Vasovic le daba el triunfo. Pero los blancos reaccionaron y ganaron 2-1 con goles de Amancio y Fernando Serena. El Partizan había liquidado antes al Sparta Praga con una remontada bestial en Belgrado (del 4-1 de la ida al 5-0 de la vuelta) y al Manchester United de Charlton y Best.

Aquel Partizan casi campeón de Europa en el 66 tenía mayoría de jugadores canteranos.

Del once titular en Bruselas, seis futbolistas se habían formado en el club aunque los otros cinco habían desembarcado muy jóvenes en el Partizan: Milan Galic y Zaza Becejac (Proleter Zrenjanin), Josip Pirmajer (RFK Novi Sad), Mustafa Hasanagic (Priboj) y Branko Rasovic (Buducnost) fueron fichados con 20, 23, 19, 22, 21 y 23 años respectivamente. El entrenador era Abdullah Gegic, bosniaco, quien había recogido una herencia de esos años de otros técnicos como Stjepan Bobek, Florijan Matekalo o Aleksandar Atanackovic. El equipo respiraba las influencias de la estirpe danubiana y de la cercana Hungría, donde se había levantado en la década anterior una revolución futbolística con Puskas, Lorant, Bozsik, Hidegkuti, Czibor o Koscic. Ese Partizan usaba un esquema semejante al de los Magiares Mágicos, una especie de 3-1-2-4, un paso intermedio entre la pirámide danubiana (2-3-5) y el 4-2-4 brasileño. Jugaban atractivo, con frescura, con un notable despliegue técnico, con brillantez de estilo y tomando riesgos… Notas tan particulares de la identidad futbolística yugoslava, que, en aquellos años, tan bien ejecutó la selección: medalla de oro en los JJOO de Roma 60, de plata en Helsinki 52 y Melbourne 56, subcampeones en las Eurocopas del 60 y el 68, y cuartos en la Copa del Mundo de Chile 62.

Su portero era Milutin Soskic, un serbio de Kosovo, mejor guardameta de la historia del club. Su defensa la configuraban Fahrudin Jusufi, perfilado a la derecha, internacional indiscutible, un marcador fuerte, de origen gorani, un pueblo musulmán natural de las montañas del sur de Kosovo y el oeste de Macedonia; el central montenegrinoMilan Galic coronaba un once que prácticaba un fútbol moderno, alegre y,claro, muy victorioso Branko Rasovic, fichado en 1962, año de la muerte en accidente de tráfico del adorado Bruno Belin, y que luego jugó en el Borussia Dortmund; y, acostado en el sector zurdo, Ljubomir Mijahlovic. Delante de esta línea, algo inclinado a la izquierda, se desenvolvía una de las claves del equipo: Velibor Vasovic, un avanzado en el tiempo que luego sería alistado por el poderoso Ajax de los 70 como líbero. Vasovic era un devorador de millas, elegante, inteligente y con gol. Su función era apoyar a los defensas en el corte, pero también empujar como un líbero por delante de ellos, como había hecho Bozsik en Hungría. Fue una especie de mediocentro primitivo con mucha pisada en las dos áreas y calidad. Cerca de él, como corrector de su espacio, tenía a Radoslav ‘Zaza’ Becejac. Y como enlace con los delanteros, la evolución del falso nueve Hidegkuti, un atacante retrasado, con llegada letal, dominio técnico, lectura de los momentos y desenvoltura: Vladica Kovacevic. La delantera la empezaba por la derecha el extremo Mane Bajic y la terminaba en la izquierda Josip Pirmajer, un croata de la minoría alemana, el alevín de aquel equipo. Entre ellos, el mayor talento, Milan Galic, uno de los iconos yugoslavos de la época, un delantero creativo y genial; más el depredador Mustafa Hasanagic, su hombre de área y gol. Un ariete al estilo de la escuela yugoslava, agresivo, potente y finalizador (355 goles en 337 partidos en el Partizan). Era un musulmán serbio de origen bosniaco al que en el famoso 5-0 de cuartos de final de Copa de Europa de 1966 contra el Sparta Praga le anularon un gol de chilena. El árbitro lo explicó: “¿Por qué no lo di? Creo que cinco humillaciones ya son suficientes, seis serían demasiado”. El jugador número 12 fue el mediocampista Jovena Miladinovic, también formado en el Partizan, como otros grandes futbolistas que habían dejado el club poco antes, Mitic o Cebinac. Aquel extraordinario equipo recibió dos sobrenombres: Partizanove Bebe, por sus raíces canteranas, y Parni Valjak, la Apisonadora, por sus victorias.

Desde ese momento, el Partizan, a lo largo de su historia, siempre produjo camadas maravillosas, con mayor o menor frecuencia. En los tiempos actuales, su trabajo de base está fabricando, de nuevo, un notable volumen de futbolistas de calidad. Su academia ocupa uno de los puestos de cabeza en el fútbol formativo europeo. Hoy, la cantera del Partizan solo tiene un rival en los Balcanes: Dinamo de Zagreb. Aunque sin la cantidad de futbolistas de elite que los belgradeses. Con esa regularidad, esas magnitudes y esos niveles, la fábrica del Partizan se codea con las mejores de Europa, eso sí, las mejores canteras arraigadas en un territorio o en una región, no guarderías multinacionales como las de Manchester City, Juventus, Arsenal, Manchester United, Milan o Chelsea. Quizá esa élite en la que figura la academia del Partizan la conformen Athletic, Real Sociedad y Barcelona, en España. Schalke 04, en Alemania, Basilea, en Suiza, Shakhtar Donetsk, en Ucrania, y Sporting Club, en Portugal. Más Lyon y Rennes, en Francia, Anderlecht y Standard de Lieja, en Bélgica, y el emergente cultivo del Feyenoord, casi a la altura ya del Ajax, en Holanda.

El contexto de aquel y este Partizan es muy distinto, pero sigue predominando el talento.

El corazón del Partizan se encuentra ahora en el suburbio de Zemun, un viejo pueblo devorado por el oeste de Belgrado. Es un barrio de profundo sentimiento futbolístico (en el crecieron Mateja Kezman, Albert Nadj o Dejan Stankovic), pero también militar: tuvo la más importante base aérea del ejército yugoslavo, los cuarteles generalesEn Zemunelo, su ciudad deportiva, trabaja todo su fútbol base y su propio equipo satélite de aviación, una academia militar… Ahora viven en él numerosas familias de mandos castrenses jubilados y se respira un ambiente conservador y de renovado nacionalismo serbio. Las raíces del Partizan siempre han agarrado fuerte en esas calles de militares. Aunque juega en el Estadio Partizan, la vida del club se dicta en Zemun, en las instalaciones conocidas como Zemunelo (en alusión a Milanello). Este complejo de 100.000 metros cuadrados, es la base de entrenamiento del Partizan y sus categorías inferiores. El moderno complejo reúne un edificio con la sede y las oficinas del club, gimnasios, salas médicas y de reuniones, centro de conferencias, piscinas, aulas, dos campos con césped natural y siete con artificial y 19 apartamentos para futbolistas y técnicos. Zemunelo alberga también la academia de formación y la sede y campo de fútbol del Teleoptik, el club probeta del Partizan, aunque se trate de una entidad autónoma (mantienen una relación semejante a la firmada por Dinamo y Lokomotiv en Zagreb). Milita en el segundo nivel del fútbol serbio y ejerce una labor estratégica en el desarrollo de las políticas de cantera. Casi todos los juveniles con una indudable proyección, se foguean una temporada en el Teleoptik antes de saltar al primer equipo (Mitrovic, Nastasic o Sulejmani son algunos casos). Un proyecto de ampliación de Zemunelo contempla la construcción de un internado para casi 40 niños y adolescentes, un paso más para reforzar un sistema formativo de un club en el que sus equipos de cantera coleccionan éxitos en Serbia y los torneos organizados en Europa. La captación se focaliza en Serbia, pero también se organizan campus en Montenegro, Bosnia, Eslovenia y en dos países con una abundante colonia balcánica: Australia y Estados Unidos. El Partizan divide sus etapas en siete grupos de edad: los U19, los U17, los U16, los U15 y los U14 compiten a nivel nacional, mientras que los U13 y los U12 participan en ligas locales de Belgrado. Los más niños, de once años para abajo, solo juegan amistosos.

Esta es la escalera por donde vienen subiendo varios de los futbolistas del actual Partizan durante el último lustro. Además de Andrija Zivkovic y Milos Jojic, un mediocentro o mediapunta creativo y con un último pase demoledor, otros cachorros se van haciendo hueco. Por ejemplo, Nikola Ninkovic (18), un volante ofensivo con una técnica de platino, el mediocentro Dranko Brasanac (21), el lateral derecho Nikola Aksentijevic (20) o el lateral izquierdo Nemanja Petrovic (21), el joven viejo socio de Nastasic en las inferiores y en el Teleoptik. Todos ellos son internacionales en las selecciones inferiores serbias. Ni a Zivkovic ni a Jojic ni a Ninkovic les queda mucho en Belgrado. Pero ellos no serán los últimos: ya se pule, en el juvenil del que hace nada saltó Zivkovic, otra generación. Daremos cuatro nombres: el extremo izquierdo Nemanja Radonjic (17), un superdotado atlético que al correr y maniobrar con la pelota recuerda a Cristiano (mírenlo en Youtube), los delanteros Stefan Ilic (18) e Ivan Saponjic (16), y el medio Danilo Pantic (17), quien ya debutó la pasada campaña en el primer equipo con apenas 16 años.

Ellos dan forma a una nueva generación, como la de Lazar Markovic, Ninkovic, Jojic, o Mitrovic. O como muchas otras que surgieron, abrazadas al talento, como un manantial imparable y programado, después de los Partizanove Bebe de 1966. En los primeros noventa, tras el colapso yugoslavo, afloraron Savo Milosevic, Albert Nadj, Dragan Ciric, el portero Ivica Kral y algo después Mateja Kezman. Antes que ellos, el Partizan había explotado otra de sus armas históricas: la captación. Como ocurriera en los 60 con Milan Galic o Hasanagic. Jóvenes no formados en Belgrado, pero reclutados directamente para el primer equipo, del mismo modo que había funcionado en los 70 con un elegante líbero fichado del Sloboda Uzice y llamado Radomir Antic. A finales de los 80, se reunieron así Pedja Mijatovic (20 años), Jokanovic (22) y Spasic (23).

Por el camino se quedó Dragan Mance, delantero que a los 22 años ya llevaba 174 goles.

También, en los primeros 80, el Partizan convocó una sugerente camada de chicos formados en la casa: el mediapunta Momcilo Vukotic, el punta Zvonko Zivkovic, el defensa Ljubomir Radanovic, pero, sobre todos estos nombres, prevalecía Dragan Mance. Mance había llegado con 18 años al Partizan desde el rival del Teleoptik en el barrio de Zemun, el Galenika. Fue un delantero colosal que podría haberse convertido en una leyenda del fútbol mundial. Quienes hablan de él lo enjabonan de elogios e hipérboles. Marcó 174 goles en 278 partidos. Las cifras se quedaron pequeñas: murió a los 22 años, estrellado en septiembre de 1985 en la autopista que conecta Belgrado con Novi Sad. Fue el “James Dean” del fútbol yugoslavo. La calle del Estadio Partizan lleva ahora su nombre. Hoy, todos los niños que entran a Zemunelo sueñan son salir algún día desde el estadio a la Ulica Dragan Mance como futbolistas de verdad, mayores y profesionales. Referencias no les faltan y exigencia tampoco: talento técnico, imaginación y determinación. Esa es la fórmula, abrillantada por el héroe Mance o adivinada ahora en los botines de diablo de Andrija Zivkovic.


14 comentarios

  • @SharkGutierrez 22 noviembre, 2013

    Estos son artículos que yo considero como joyas de aprendizaje; no solo porque quién escribe te transmite esa esencia añeja yugoslava, sino porque también encuentro bastante acertado nombrar a algunas de las perlas serbias y situar al Partizán como un club federalista (con un alto sentido patriótico-unionista, respetando cada una de las comunidades…algo así como en Alemania).

    @Chema

    Un matiz; cuando nombras al Schalke en Alemania como ejemplo de crianza en la cantera arraigada en el producto nacional…tiene su matiz. El Schalke se ha favorecido en parte, de la emigración turca, de la década de los 80. Además de esto, equipos como el Stuttgart, el 1860 Múnich o el Hertha Berlín, producen o han producido muy buenos jugadores en las mismas condiciones que el Schalke. Otro club "probeta" de los grandes es el Rot-Weiß Essen (Suele andar entre la 2º y la 2ºB alemana).

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  • @DavidLeonRon 22 noviembre, 2013

    De esta historia sí que no tenía ni ideaxD

    Grande Chema, en el nivel habitual.

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  • Abel Rojas 22 noviembre, 2013

    Linkeo un texto de Vilariño que es "El Episodio 0" de este articulazo de Chema: http://www.ecosdelbalon.com/2012/08/copa-de-europ

    Reconozco mi ignorancia total sobre ambos temas, no sé nada sobre la historia de ambos clubes por desgracia. O por suerte, porque leer los artículos partiendo de ahí es alucinante.

    Sí diré que a mí la escuela balcánica me encanta. Y creo que en general, en todos los deportes. En baloncesto por ejemplo siempre me ha llamado más que la americana, y en fútbol un centrocampista balcánico de calidad siempre es una delicia. La clase va intrínseca en los jugadores de por allí.

    Por eso nunca entendí lo de Vidic.

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  • @migquintana 22 noviembre, 2013

    Como siempre, espectacular Chema.

    La de historias que mezclan geopolítica y fútbol que se nos escaparían sin él.

    Habrá que estar atentos a Andrija Zivkovic, que ayer le vi en un par de vídeos y me pareció una cosa bastante potente.

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  • pintu1303 22 noviembre, 2013

    Qué maravilla de artículo. Siempre me han encantado los yugoslavos (incluyo a todas las naciones que componían el Estado). La Guerra de los Balcanes fue la primera guerra de la que tuve conciencia y me impactó, por ver por primera vez que era una guerra, porque estaba en el corazón de Europa, que sé yo. Inconscientemente, a partir de entonces, tengo un lazo sentimental con los balcánicos. Y luego la capacidad que tienen para sacar jugadores fetiches que me enamoran.

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  • CR1967 22 noviembre, 2013

    @Abel

    Muy cierto lo de la escuela balcánica en cuanto a la calidad técnica, en todos los deportes colectivos. Solo echo de menos en fútbol a esos monstruos de los banquillos del baloncesto (los Obradovic, Maljkovic, Ivkovic, Pesic, Novosel, Zeravica, etc, etc) y esa cultura tan especial que tienen de “discípulos” y “maestros” (a Asa Nikolic le llaman “el maestro de maestros”)

    No guardo especiales recuerdos del Partizán, sí del Estrella Roja de los 80. Muy oportuno ese link a ese “Episodio 0″ excelente que se me había pasado. Hasta aquellos tiempos el fútbol del Este tenía casi un halo de misterio exótico, eran pocos los jugadores que salían de sus países y en cuanto a los clubes había muy pocas oportunidades de verlos, sólo cuando coincidía un cruce con equipos españoles en copas, o raramente en algún torneo de verano.

    Recuerdo al Estrella Roja del 87 que tuvo contra las cuerdas al RM en una eliminatoria donde los yugoslavos ganaron 4-2 en Belgrado y perdieron 2-0 en Madrid. Sorprendió el hecho de que en el partido de vuelta contuvieron durante muchos minutos el empuje del RM a base de toque y posesión larguísima, algo que en aquella época se veía muy poco en Europa. El Bernabéu, entonces famoso por el ambiente de las remontadas mágicas europeas, llegó a enmudecer en el segundo tiempo porque no estaba acostumbrado a ver a ningún equipo jugar así. El Madrid ganó por los pelos gracias a un recurso rarísimo, una jugada de Chendo como extremo. Tanto impresionó el juego de los serbios que esa misma temporada el RM fichó a Jankovic, el arquitecto del medio campo.

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  • Abel Rojas 22 noviembre, 2013

    "Hasta aquellos tiempos el fútbol del Este tenía casi un halo de misterio exótico, eran pocos los jugadores que salían de sus países y en cuanto a los clubes había muy pocas oportunidades de verlos"

    La magia pre-Ley Bosman, querido.

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  • CR1967 22 noviembre, 2013

    @Abel

    Bueno, no solo la Sentencia Bosman… La caída del Muro fue otro hito también en el plano deportivo. Contratar a un deportista yugoslavo era difícil y a un soviético prácticamente imposible. En el 87, Ramón Mendoza movió todos los hilos posibles para sacar a Belanov del Dinamo de Kiev y no hubo manera. En cambio, un par de años después salían para todas partes.

    Tiempos aquellos, en que oficialmente los deportistas de élite del este eran amateurs pero con un profesionalismo encubierto bajo puestos remunerados en el ejército o la policía; cuanto mayor caché, una graduación más alta. Y los entrenadores solían ser coroneles. Lo cuentas ahora y parece de novela.

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  • Abel Rojas 22 noviembre, 2013

    Desde luego que lo parece.

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  • Vilariño 22 noviembre, 2013

    @Chema

    Brutal artículo, Chema. Ya es redundante decírtelo jaja.

    El caso de los clubes "del ejército" que reciben a los mejores jugadores durante su servicio militar es un clásico de la Europa comunista. Muchos intentaban "captar" a los jugadores por las buenas, pero otros, como el Dukla de Praga o el CSKA de Sofía, mucho más controlados por políticos y militares sin muchos escrúpulos, se los quedaban directamente. Y quien quisiese protestas, que lo hiciese. El CSKA y el Dinamo de Moscú también tiraban mucho de esta práctica (que se lo digan al gran Streltsov, que no quiso fichar por ellos y acabó como acabó), y el caso más exagerado es el del Dinamo de Berlin (equipo de la Stasi), que directamente trasladó todo un equipo del Dinamo de Dresde para crear su plantilla. Cierto es que la Oberliga era bastante especial y lo niveles de "dominio" que el Dinamo Berlinés tuvo ahí no lo tuvieron otros clubes en diferentes países.

    En Rumanía el Steaua tenía mucho poder, pero el Dinamo y el Universitatea Craiova representaban a colectivos muy importantes. Igual en Bulgaria con CSKA y Levski, en Polonia el fútbol estaba muy polarizado y ni siquiera el Legia (club del ejército) acumulaba tanto poder como en otros países.

    En la URSS donde los diferentes partidos comunistas luchaban por beneficiar a clubes de su república (así es como los Dinamos de Kiev, Minsk y Tblisi consiguieron ser competitivos), ante los poderosos moscovitas. Además, en la Unión Soviética, todos los clubes representaban a colectivos muy importantes de la vida soviética. No era fácil perjudicar o quitar jugadores al club de la fuerza aérea (Krylya Sovetov), del ferrocarril (Lokomotiv), de los astilleros (SKA), o de las fábricas más importantes (Torpedo, que representaba a la fábrica de automoción ZiL).

    Luego ya los métodos que relatábamos en la Hungría de los 50 para potenciar a la selección ya son absolutamente impensables desde los ojos de 2013. http://www.ecosdelbalon.com/2012/09/magiares-magi

    Un fútbol muy distinto a como lo concebimos ahora. Interesantísimo. Como decían en alguno de los comentarios, casi de novela.

    @CR1967

    Lo que comentas del "amateurismo" de los países del Este es así. Oficialmente los jugadores eran trabajadores normales de fábricas o estamentos relacionados con su club. Ya sabeis, lo típico de los Dinamos y la policia secreta, los Lokomotivs y el ferrocarril, los CSKAs y el ejército, etc. Pero sus "jefes" les dispensaban para entrenar. El deporte era parte importante de esos sectores, por supuesto.
    Yugoslavia siempre fue un poco por libre, sobre todo durante el mandato de TIto, pero hay muchas cosas comunes en estos aspectos.

    En el Este raro es el futbolista que podía salir a occidente. Los yugoslavos fueron los primeros en abrir las fronteras, bajo condiciones especiales. A jugadores que habían hecho suficiente por su club o el país (por ejemplo Soskic y Vasovic tras la final europea del 66), llegaban a cierta edad, etc. Normalmente salían bastante veteranos. A partir del 74, con la crisis vivida en el vestuario durante el Mundial, se abre un poco más la mano, y la Federacion empieza a sacar beneficios de esos traspasos al extranjero. Gente como Danilo Popivoda o un veterano Dzajic salen.

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  • @Chemaerrebravo 22 noviembre, 2013

    Os dejo, antes de nada, un par de vídeos:
    Este (http://www.youtube.com/watch?v=VlqG6wDjocg&feature=youtube_gdata_player) es un documental sobre Dragan Mance. Está en serbio, pero para verlo jugar y tal está bien, además seguro que alguno tenéis alguna novia balcánica o la habéis tenido.
    Este otro os lo recomiendo porque el jugador es bastante impactante. Intentad llegar al minuto 1,57 de vídeo, al desmarque (sale nuestro protagonista recuadrado) y al gesto, e intentadle encontrar un parecido con una bestia futbolística actual: https://www.youtube.com/watch?v=wIVjlvbjFxY

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  • @Chemaerrebravo 22 noviembre, 2013

    @Abel

    La escuela balcánica es signo de talento deportivo. Sea cual sea la disciplina. Supongo que tendrá que ver con las condiciones socioculturales, varias de las zonas de la vieja Yugoslava, especialmente Bosnia y regiones cercanas a su frontera, eran de las más pobres de Europa en los años que fueron desde la II Guerra Mundial hasta cerca de la muerte de Tito. Creo que esto explica que el talento de los niños entrara en combustión en las calles. Luego, los clubes deportivos siempre fueron instituciones con mucho poder en el tejido social de Yugoslavia: tenían buenas instalaciones (ahora casi todas arcaicas salvo excepciones).

    Yo es que veo a Prosinecki y me parece un tipo que ha crecido en una favela: esas pisaditas que hacía a la pelota son puro fútbol sala, samba europea.

    Y ahora el Partizan pues está produciendo un calidad futbolística especialmente en ataque que me atrevo a decir que en el próximo Mundial habrá que tener ojo con ellos. Creo que fue Alejandro Arroyo quien tuiteó no hace mucho una lista con las 40 mayores promesas del fútbol europeo. Bien. Pues de esas 40, cinco pertenecen o acaban de salir del Partizan: Radonjic, Ninkovic y Zivkovic siguen en Belgrado. Y este verano salieron Mitrovic y Lazar Markovic. Me parece bastante significativo que de un mismo club hay salido más del 10% de esa lista, una lista con gente como Pogba, Januzaj, Draxler, Jesé, Oliver o Varane.

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  • Abel Rojas 22 noviembre, 2013

    Por supuesto que es indicativo, Chema. Y ojo a Mitrovic. Recuerdo su partido contra Croacia como si fuese ayer y de verdad digo que me dejó flipado. El propio Mourinho, que fue al estadio no se sabe muy bien por qué, dijo que había estado muy por encima de los otros 21 futbolistas. Y sumando a Croacia y Serbia hay jugadores de élite.

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  • @Chemaerrebravo 22 noviembre, 2013

    @Abel

    El límite de Mitrovic es el propio Mitrovic. Este chico, por condiciones, tiene todo para ser una especie de nuevo Savo Milosevic, pero su carácter debe de ser algo díscolo. Es que es un tipo de más de 1,90 con una potencia bestial, juego de espaldas y dominio del área. Como bien dices, habrá que seguirlo.

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