Socrates y el fútbol como relato


La lógica imponía que fuera en un domingo y así fue, finalmente. El domingo se nos fue Sócrates y una enorme pena se hizo con muchos de nosotros. A mí me afectó especialmente. Es normal, en alguien a quién le apasionan por igual fútbol y filosofía, y que cree que ambas disciplinas pueden (y quizá deben) ayudar a la mejora social. Pero, fundamentalmente, me dolió por una cuestión más íntima. Sócrates es uno de los jugadores que conocí gracias a los relatos de mi padre.

A los más jóvenes quizá os cueste comprenderlo, pero las generaciones que crecimos antes de la actual época de la sobreinformación conocimos el mundo (y el fútbol es parte del mundo) de una manera muy distinta a como hoy se hace. No existía Internet, la televisión satélite estaba aún por inventar, apenas teníamos dos (luego cinco) canales de televisión, los viajes al extranjero tenían precios prohibitivos y las revistas (a parte de caras) eran lo que eran. En ese contexto, la información descansaba sobre el relato.

Antes, la cantidad de información que teníamos era mucho menor

Expliquémoslo con un ejemplo, un país, no sé… Bulgaria. ¿Qué era Bulgaria para un niño de los ochenta? Apenas una entrada en la enciclopedia (información caduca que para cuando la consultabas quizá nada tenía que ver ya con la realidad),El boca a boca, el sistema para la información un dibujo coloreado de azul en el mapamundi, unas líneas en los libros de texto, tres o cuatro minutos, con suerte, de vez en cuando en el Telediario. Pero un día conocías a alguien que había estado allí (o tenía un primo que había estado allí) y entonces escuchabas lo que de ese país él te narraba con la atención de quien está descubriendo un mundo nuevo. Por supuesto, te señalaba más los contrastes que las coincidencias (el relato tiene su propia lógica) y exageraba algo las anécdotas. Tú apuntabas mentalmente cada frase (volverías a ellas después), engarzando lo aprendido con lo que ya sabías, ensamblando esa nueva información con los apuntes sueltos recabados en los libros y la televisión y de esa mezcolanza surgía un mosaico que pretendía ser el retrato de ese país. ¿Era un retrato fiel? Probablemente no… pero tenía una ventaja: lo habías hecho tú. No era una foto, no era una instantánea, que te dan para que la observes, sino un dibujo en el que habías recorrido personalmente cada línea, cada trazo. Lo que así aprendías, no lo olvidabas fácilmente, porque pasaba a formar parte de ti.

Con el fútbol sucedía lo mismo. Hoy podemos consultar en segundos la plantilla actualizada al instante de cualquier equipo del mundo, ver fotos y videos de cualquier jugador en cuestión, repasar la historia de un club, su palmarés, sus fichajes de los últimos años. Hoy llegamos a la Copa Toyota (o como se llame) con decenas de analistas explicándonos en nuestro idioma la alineación titular y modo de juego no ya del Liga de Quito… ¡sino hasta del Mazembe! Hoy afrontamos un Mundial con toneladas de información e imágenes de cada uno de sus jugadores.

Hoy tenemos acceso a casi cualquier rincón del planeta fútbol

A veces no nos damos cuenta de lo que esto supone. Hace no mucho releíamos una y otra vez las plantillas de los equipos extranjeros a principios de temporada (solo los grandes ingleses, italianos, alemanes y con suerte franceses, el resto del mundo no existía) que Don Balón a veces incluía (para ver cómo había cambiado una plantilla de una temporada a otra debías compulsar dos revistas distanciadas un año). De los jugadores más importantes del mundo apenas teníamos unas cuantas fotos que amarilleaban poco a poco, luciendo grapadas en las paredes de nuestros cuartos. ¿Videos? Con suerte habíamos conseguido grabar uno o dos partidos en nuestro viejo Betas o VHS, que desgastábamos de tanto verlos una y otra vez. Si no, nos conformábamos con Estudio Estadio y con imágenes sueltas que de vez en cuando la televisión nos concedía. Llegábamos al Mundial desconociendo todo de casi todas las selecciones participantes. Incluso en Brasil, Alemania o Argentina había jugadores de los que oíamos por primera vez su nombre al leerlo en la convocatoria final. ¡Qué decir de esos equipos del este de los que desconocíamos absolutamente todo!

El mundo del fútbol era un lugar construido a base de retazos, de trozos de información

Pero a todo esto hay que sumarle lo fundamental, lo más importante, eso que unía una foto, un gol visto en televisión, las frases sueltas de las revistas y lo dotaban de sentido…. Hablo de los relatos que nos regalaban nuestros padres, nuestros compañeros de equipo y escuela, nuestros profesores, las narraciones mágicas, fantásticas, maravillosas, de quien había-visto-una-vez, de quien recordaba, de quién había atendido a su vez a otro relato verídico.

El fútbol entonces se contaba, más de lo que se veía. Y aquí recupero a Sócrates. El otro día me hice esta pregunta: ¿cuántas veces he visto jugar a Sócrates? Pocas, apenas cuatro o cinco, que no recuerdo en directo, sino que fueron tiempo, mucho tiempo después de su retirada, cuando mis ojos ya observaban a ese altísimo jugador de barba con absoluta admiración. En propiedad, le vi jugar cuando ya era mi ídolo. Entonces, ¿cómo llegué a ese estado de idolatría? A través de mi padre.

Antes se construían ídolos sin la necesidad casi de conocerlos

A mi padre nunca le gustó demasiado el fútbol. De hecho, sigue sin gustarle. A mí sin embargo me apasionaba hasta la obsesión. Me fastidiaba que esa pasión no fuera compartida. Y por eso, cada vez que le oía mostrar su admiración por uno u otro jugador, yo me convertía de inmediato. Me decía: “joder, si a aita, que no le gusta el fútbol le gusta tanto este jugador es que debe ser bueno, muy, muy bueno” y desde ese día estaba atentísimo a cualquier texto, imagen, retazo de información de ese jugador. Me pasó con Miguel Sola (mi gran ídolo de aquel Athletic de principios de los ochenta). Me pasó con Jean Tigana (mi padre nos llevó a ver el Francia-Inglaterra del 82 en San Mamés y durante el viaje nos habló de los jugadores bleus, subrayando que el mejor, sin duda era Tigana). Y me pasó, sobre todo, con Sócrates.

Antes de que mi padre me hablara de él, algo ya sabía. Había visto algunas imágenes sueltas en televisión y había leído (mil veces) la entrada que la Enciclopedia del Fútbol que me regalaron (en realidad, unSocrates tenía un aura única libro medio publicitario de Phillips adaptado por Josep Casanovas de uno preexistente en Alemania). Pero hasta que mi padre no me sentó a su lado en el sofá y me dijo que me fijara bien en el barbudo, que era el mejor jugador del mundo, mucho mejor incluso que Maradona o su compañero de selección Zico, no se gestó en mí la leyenda. Hasta que no aconteció ese momento de intimidad, Sócrates no devino lo que luego fue. Recuerdo intermitentemente las exclamaciones de admiración de mi padre, y cómo yo le observaba alucinado. No sé ni qué partido fue. No tengo ni idea, y él tampoco lo recuerda. Pero desde ese momento, Sócrates fue tan grande que no habría para él elogio suficiente.

Mi padre me transmitió mi pasión por el gran Socrates

Ay, la memoria. Os cuento que hace poco vi de nuevo las imágenes de Sócrates marcando en un entrenamiento un gol de penalti lanzado de tacón. ¡Qué decepción! Yo las recordaba en partido oficial, las había convertido en partido oficial. Tantas veces habíamos narrado mis amigos y yo aquellas imágenes que crecieron independientemente en nosotros hasta convertirse en algo distinto, mucho más grande, mucho más mágico.

Pero es que antes era así. Conversábamos en el patio y de pronto un amigo nombraba un jugador desconocido, no sé… ¡Giresse!, y todos escuchábamos boquiabiertos sus descripciones, otorgándole el crédito que tiene el viajero que ha estado en un lugar para ti desconocido. Luego tú (después de ver a penas unos minutos, con suerte, o sin ver nada, qué más da) repetías la operación, con otros amigos, y nombrabas a Giresse y repetías lo que tu amigo, que tú convertías en voz autorizada, había relatado previamente. A veces, incluso lo exagerabas un poco. Y Giresse, tan bajito iba creciendo y creciendo, hasta convertirse en mucho más que un jugador de fútbol, hasta convertirse en un mito.

Las historias y mitos volaban sin necesidad de contrastarse

No quiero pecar de nostálgico. Creo que lo que hoy tenemos es mejor que lo de entonces. La información en nuestra mano no puede ser mala. Pero cómo vivíamos el fútbol en aquellos años… eso también era maravilloso. Quizá una comparación ilustre mis sentimientos al respecto. El pasado que he intentado describir es como el primer amor. Has vuelto a él tantas veces en tu memoria que has terminado por convertir un beso probablemente tímido y torpe, adolescente, en un final de película de Hollywood. Sabes que sin duda lo que hoy tienes es mejor y que si ese primer amor es bello es porque quedó atrás, que hoy sería distinto. Sin embargo, qué fácil es relatar ese primer amor y qué difícil es narrar tu felicidad actual.



Sócrates y el fútbol como relato, escrito por Dadan Narval


7 comentarios

  • @DavidLeonRon 23 julio, 2013

    Gran artículo, muy emotivo. La última frase es de crack.

    La verdad es que echo de menos esa época, siendo la actual objetivamente mejor como dice el texto.

    Hay tantos y tantos y tantos futbolistas que convertiste en mito por lo que te contaban de ellos o por lo que pudiste ver tres ratitos…

    Yo recuerdo la primera vez que vi a Kanchelskis, por ejemplo, esa ultravelocidad por la banda… te creías que era algo de otro mundo. O los goles que te llegaban de Weah en el PSG, vaya monstruo. O como idealicé a Van Basten sin haberle visto ni un minuto…

    Ejemplos cada uno tendrá los suyos, está claro. A veces no hace falta ni que fuesen futbolistas de nivel; bastaba con que un día metieran un gran gol.

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  • eldayan 23 julio, 2013

    "Sin embargo, qué fácil es relatar ese primer amor y qué difícil es narrar tu felicidad actual"

    GENIO!!!

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  • @DavidLeonRon 23 julio, 2013

    @eldayan

    Y tanto, es la frase que yo destaco del artículo, y mira que mola un puñao.

    Lo que daríamos por llegar a un Mundial y no conocer a NADIE, así, en mayúsculas:p

    Owairan, Milla, Brolin, Dahlin, Andersson, Escobar, que en paz descanse, Salenko, Raí, Daoudi, Yekini, Amokachi, Chapuisat, Sforza, Lalas… USA 94 fue mi primer Mundial, y la cantidad de futbolistas que se me han quedado en la mente de aquel torneo es enorme.

    La mayoría son ídolos. Y sin verlos jugar, que es lo mejorxD

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  • @jcgy 23 julio, 2013

    Aquíla leyenda siempre fue Pelé y sus hazañas, lo relataban como un extraterrestre y cómo el solito ganaba mundiales y si haber visto un minuto de juego nadie podría superarlo.

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  • calaboca 23 julio, 2013

    Tu padre era sabio y "El doctor" le encandiló, la inteligencia fuera y dentro del "gramado". Y si poco le gustaba el fútbol, menos le gustaría en estos tiempos, donde los mejores jugadores del mundo están muy apartados de la realidad social del territorio donde juegan. Sócrates también fue idolo y mito de aquellos que odiaron el fútbol.
    Yo también tuve la mala suerte de no ver a Sócrates en directo, pero tuve la suerte de vivir en la ciudad donde jugó sus mejores años, la misma donde vivio después de retirarse. Ese tiempo me regaló muchos relatos y anécdotas de él, de su importancia en la transición de una dictadura a una democracia, no solo de su participación, de su liderazgo. Cada relator sobre historias de Sócrates se emocionaba como no he visto a emocionarse a nadie hablando de ningún jugador de fútbol. Habiéndolo conocido ya retirado, llegó a ser mi idolo.
    Ecos se centra en lo que ocurre en el terreno de juego, pero la Democracia Corinthiana es una historia apasionante que se dio fuera del césped y que repercutío dentro, y continua repercutiendo hasta hoy, quién sabe si hubiera acontecido sin la figura de Sócrates. Uno de las primeras preguntas que realicé cuando empecé a ver los partidos de Corinthians fue: "Por qué la afición no corea nombres de jugadores?" La respuesta fue : "Democracia Corinthiana amigo, aquí no existen individualidades, solo el colectivo."
    Sócrates permanecerá como mito en los libros de historia social y política de su país, y no solo en los deportes como la inmensa mayoría. Siempre quedará muy lejos de las absorduces que podemos escuchar a mitos "estrictamente futbolísticos" como Ronaldo, Romario o Pelé en los dias más recientes…

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  • @DavidLeonRon 23 julio, 2013

    @jcgy

    "Aquíla leyenda siempre fue Pelé y sus hazañas, lo relataban como un extraterrestre y cómo el solito ganaba mundiales y si haber visto un minuto de juego nadie podría superarlo"

    Es curioso eso. A Pelé hoy le han visto solo los que aman el fútbol y van al archivo a mirarle. Sin embargo, Brasil no va a dejar que nadie le supere. Por ahí no pasan. No dejaron a Diego, no dejarán a Leo ni a nadie que venga.

    El fútbol tiene mucho de fantasía y leyenda también, es obvio.

    @calaboca

    Es obvio que la figura de Sócrates era especial. Había más en su figura que el juego de tacón y la elegencia. Todo suma.

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  • @monopandillero 23 julio, 2013

    Personalmente me ocurrió una experiencia muy similar a la que se relata, y curiosamente también con Sócrates.

    Soy más joven (mi primer mundial fue en el 98), pero mi papá, que vivió muy de cerca el mundial 86, llenó mi infancia con relatos sobre Sócrates y Platini. Mi padre dice que los tres mejores jugadores que el vio son esos dos y Diego. Fue así como también idolatre al Doutor sin siquiera haberle visto jugar (afortunadamente en los tiempos que corren he podido ver un puñado grande de partidos suyos).

    Finalmente, el relato de mi padre acerca del Brasil vs Francia en Guadalajara lo tengo muy presente, recuerdo que la primera vez que me contó algo de aquél partido quedé perplejo por la forma cómo me describió esa famosa tanda de penales y las fallas del mismo Sócrates y Platini (¡qué Sócrates metía los penales hasta de tacón!). Me hizo parte de su "dolor y decepción".

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