El vestuario de Sir Alex Ferguson | Ecos del Balón

El vestuario de Sir Alex Ferguson


Cuando Sir Alexander Chapman Ferguson anunció su retirada, los elogios por su inigualable labor en el Manchester United comenzaron a invadir el mundo del fútbol. Medios de comunicación, redes sociales, blogs especializados y charlas 1.0; en todos los ámbitos resonaban con fuerza sus 26 temporadas como técnico red devil, con sus dos Copas de Europa y sus 13 Premier League como muestra irrefutable de su éxito. Más allá de números, lo que potenciaba el impacto de su despedida era la sensación de que el Manchester United era Sir Alex. Antes de él había estado Matt Busby con George Best y Bobby Charlton como estandartes, pero aquello se visualizaba en blanco y negro. Era complicado sentirlo como propio, como una vivencia real, por más que Sergio Vilariño nos contara todos los detalles. Para muchos, el Manchester United era y es el equipo de aquel escocés de tez rojiza, continuo masticar y airadas expresiones. Y es este hecho, sin lugar a dudas, el que más interés despierta: ¿cómo un club tan potente pudo estar más de dos décadas bajo la dirección del mismo hombre? ¿Cómo sobrevivió a la sucesión de proyectos? ¿Y a los diferentes vestuarios? En los tiempos en los que un ciclo dura, a lo sumo, cinco años, la historia de Sir Alex se dibuja como un ejemplo irrepetible por su anacronismo.

Por su vestuario pasaron Cantona, Ryan Giggs, Beckham, Cristiano Ronaldo o Wayne Rooney.

Ferguson llegaba a Manchester con la credencial de haber logrado romper la hegemonía de Glasgow en el fútbol escocés con el norteño Aberdeen. Sin embargo, para su futuro en el United resultaría aún más determinante la profunda relación de amistad que había entabladoJock Stein resultaría decisivo a la hora de formar su carácter como entrenador con el que él consideraba “el mejor técnico del fútbol británico”. Jock Stein, entrenador del Celtic campeón de Europa en 1967, era una “universidad en sí mismo para todo aquel que buscara mejorar su formación futbolística”. Y, evidentemente, Sir Alex la había buscado. De él aprendió de técnica y de táctica, pero sobre todo de cómo liderar un grupo. “Para gente como yo, Jock fue el precursor de todos los logros a los que teníamos que aspirar. Él nunca se quedaba con los elogios, siempre se trataba de los jugadores y de lo magnífico que era el equipo”, decía Sir Alex. Dirigir un grupo humano extenso, gestionar los diferentes egos y rendir en un entorno de máxima presión eran algunos de los retos más importantes a los que el nuevo técnico del Manchester United debería afrentarse sí… o también. Durara lo que durara, ganara lo que ganara; siempre iba a ser así. Quizás por ello, otra de las premisas que más le marcaron giraba sobre la idea de cómo manejar estas situaciones. “Jock Stein me dijo una vez que no había nada de malo en perder los nervios por los motivos adecuados y creo que el 70 o el 80% de las veces que esto me ha pasado, ha sido por el motivo correcto”, razonaba Sir Alex para terminar con un contundente “al final, eres quien eres”. Gracias a Stein se conoció a sí mismo, pero aún le quedaba por descubrir qué era el Manchester United.

En 1986, los red devils llevaban 19 años sin ganar una liga y 18 sin levantar un título europeo. Ambos éxitos, como una gloria que parecía ya olvidada, habían corrido a cuenta del legendario Matt Busby. Escocés como él, Sir Alex lo señaló como referente desde que llegó a Manchester: “Soy un privilegiado, lo único que tengo que hacer es intentar mantener la estructura que él mismo fijó hace muchos años”. Este propósito no sólo parecía una buena idea por los éxitos cosechados o por lo que éste simbolizaba para la grada de Old Trafford, sino también por los conocimientos del club que Sir Matt Busby había adquirido tras regentar aquel banquillo durante un cuarto de siglo. Él comprendía mejor que nadie los entresijos de la institución, los deseos de la afición y las necesidades del entorno de los jugadores. No extraña, por tanto, que Ferguson terminara repitiendo como un mantra que jamás leía la prensa porque Sir Matt se lo había aconsejado.

Matt Busby y Jock Stein fueron los dos grandes referentes en la carrera de Sir Alex.

Esta intención de aislarse de la opinión pública no quedó en algo personal, sino que trató de que se convirtiera en una máxima del club. El vestuario sería un bloque sin fisuras, sin injerencias externas. Para lograrlo, Sir Alex tomó una medida que, pese a estar cada vez más extendida, resultaba sorprendente en un tiempo no muy lejano. “Nadie puede entrar al campo del entrenamiento, es algo privado. Los jugadores vienen relajados, el ambiente es genial y ellos se divierten mientras entrenan porque nadie les mira con lupa”, explica Sir Alex en una intervención en la que comenzó utilizando el término “familia”.

En las sesiones de entrenamiento no sólo se reforzaría la sensación de núcleo impenetrable con la que el entrenador escocés pretendía dotar al vestuario, sino que además se marcaría el nivel de exigencia mínimo del club: el 100%. “Algunos entrenadores son “agradables”. Dejan que sus jugadores jueguen partidos de 8 contra 8 o 10 contra 10 para que puedan disfrutar. Nosotros consideramos que las sesiones de entrenamiento son oportunidades para aprender y mejorar. Es posible que los jugadores piensen: ‘Dale con lo mismo’, pero eso ayuda a ganar”, comentaba un Alex Ferguson que jamás haría distinción alguna.

Por Old Trafford habían pasado muchas estrellas y aún quedarían muchas por pasar, pero todas deberían someterse a la misma disciplina. Sin excepción. Incluso las que se apodabanEric Cantona cambió el rumbo del Manchester United y de Ferguson “The King” y jugaban con el cuello de la camiseta levantado como símbolo inequívoco del comienzo de la Premier League. Incluso las que alumbrarían el inicio de su etapa triunfal como técnico. Y es que Sir Alex había contado sus primeras seis temporadas por fracasos, salvo aquella FA Cup de 1990 que le permitió seguir mascando chicle en frente de la grada que hoy lleva su nombre, pero la llegada de Eric Cantona en 1992 lo cambió todo. En sus propias palabras, “si alguna vez ha habido un jugador, en cualquier parte del mundo, que hubiese sido hecho para el Manchester United, ése es Cantona”. Una frase que no sólo resultaba verdad por su impacto en la institución o por los éxitos que le acompañaron como “red devil”, sino también por el ejemplo que significaba. Díscolo y provocador dentro de los terrenos de juego, Ferguson siempre le señaló como “un jugador disciplinado”. Y los chicos que crecían al amparo de Fergie, lo vivieron en directo.

Eric Cantona convivió con los inicios de Scholes, Giggs, Beckham, Butt y los Neville.

Cuando la estrella gala se fue apagando, una brillante generación procedente de la cantera ocupó su lugar con, si cabe, mayor intensidad. Los “Fergie boys” (Paul Scholes, Ryan Giggs, David Beckham, Nicky Butt, Gary Neville y Phil Neville) acompañaronSin duda, los “Fergie boys” fueron el mejor ejemplo de conducta a su técnico durante su ascenso al firmamento de Manchester. Juntos tiranizaron el fútbol inglés ante la impotencia del resto, recuperaron la gloria perdida en Europa y, por supuesto, trabajaron por un modelo deportivo que hoy es envidiado por todo el continente. ¿La clave? Continuidad y jerarquía, tal y como destaca Sir Alex Ferguson: “Los clubes cambian de técnico demasiado rápido. Es esto lo que da poder a los jugadores, al vestuario. Eso es muy peligroso. Ryan Giggs y Paul Scholes tenían 14 años cuando llegaron aquí. A esa edad es fácil modelarlos. Eres tú quien les da la oportunidad, quien los conduce adonde quieren llegar y quien cuida de ellos”. En el vestuario del Manchester United no había dudas, todo estaba claro. En los entrenamientos se mejoraba, en los partidos se competía y en todo mandaba Sir Alex. Hubo enfrentamientos y disputas, pero el ganador estaba decidido de antemano. “Yo soy el hombre más importante en el Manchester United. Tiene que ser así”, aclaraba.

El vestuario era un bloque familiar perfectamente definido y estructurado donde él, por supuesto, era el padre. Y la madre. Porque no basta sólo con dirigir, eso lo hace cualquiera. Un líder de la talla de Sir Alex sabe engatusar, motivar y convencer. “No hay nada más alentador para un jugador, o para cualquier ser humano, que escuchar que le digan ‘buen trabajo’. Son las dos mejores palabras que se hayan inventado en el deporte. No es necesario usar superlativos”, desvela el escocés. Este trabajo continuo, tan motivante como exigente, encuentra uno de sus mejores ejemplos en la figura de un ídolo de masas de estética pop, esposa cantante y elevados ingresos publicitarios. Para Sir Alex Ferguson, “David Beckham no era el mejor lanzador de faltas de Gran Bretaña porque hubiese nacido con ese don divino, sino porque practicaba sin tregua con una dedicación que la mayoría de los jugadores de menor talento ni siquiera considerarían”.

Pero nada dura para siempre, todo proyecto se agota. Beckham se marcharía en 2003, Nicky Butt en 2004 y Phil Neville en 2005, con lo que una nueva generación de jugadores, varios no británicos, estaban por llegar y el trabajo debía volver a comenzar. Y es aquí, precisamente, donde Sir Alex trazó parte de su leyenda. Su capacidadEl United realiza un trabajo personalizado para integrar a sus nuevos jugadores de regeneración, matizándose y adaptándose, le llevó a manejar proyectos muy diferentes entre sí con la misma consecuencia: el éxito. “Es preciso adaptarse a cada generación y a cada jugador porque todos son diferentes. Eso sí, no hay que dejarles jamás que piensen que controlan la situación. Si es así, estas acabado”, reiteraba Sir Alex. El técnico escocés, que cada vez estaba más cerca de los registros del Liverpool, se apoyaba para esta labor en los propios jugadores que él había formado. Desde luego, no había mejor ejemplo que Neville, Giggs o Scholes. “Los valores que encarnan impregnan, forzosamente, a todos los que están a su lado en el vestuario. Es imposible engañarlos, tomarlos por idiotas”, comentaba Ferguson. Esta adaptación y esta herramienta que describe Sir Alex, se veía reforzada desde el terreno institucional con un “un equipo de profesores que lleva diez años en el club aportando educación y, sobre todo, la transmisión de los valores. No enterramos las historias, pero las diseccionamos internamente”, reconocía. Así, el club trabaja a una. Desde los despachos hasta el vestuario; sin que el camino se bifurque o el talento de futbolistas como Rooney o Cristiano Ronaldo se vea desaprovechado. Alex Ferguson, el centro de todo, ha dibujado un modelo reconocible y exitoso que, en el fútbol moderno, sólo ha sido posible establecer bajo la legitimidad que le dieron los años, los títulos y la confianza de los directivos. Él creó el club perfecto, pero aún así piensa que es mejorable.

Sir Alex Ferguson siempre ha admirado el modelo institucional del Bayern Munich.

Este mes de marzo, antes de que la gran noticia del año saltara por los aires, ‘L’Équipe’ le realizaba a Sir Alex una entrevista en la que salía el tema de su sucesión. Él veía a Giggs y Scholes como entrenadores en un futuro, siguiendo los pasos de otros jugadores como Mark Hughes o Solskjær, pero no tiene prisa: “No quiero meterles esa presión. Creo que para sucederme a mí hace falta un entrenador con experiencia. Ellos deben comenzar con los jóvenes. Tienen tiempo. Dentro de diez años ya veremos. Ambos son inteligentes, trabajadores y con determinación”. Tiempo hay, pues incluso Giggs ha renovado otro año más con el Manchester, pero cuando llegue el momento el deseo de su mentor es que sigan vinculados al club al estilo Bayern Munich. “Me gustaría integrarlos en el ‘staff’, como Gerd Müller o Sepp Maier en el Bayern. Hoy vemos a Tarnat, Dremmler, Breitner y otros antiguos jugadores que trabajan para el club. En el Bayern muchos ex futbolistas ejercen una influencia muy fuerte en la entidad. También en la parte administrativa, financiera y diplomática con Beckenbauer, Rummenigge, Hoeness… Eso sí, ahora necesitaban un técnico y lo han encontrado fuera con Pep”, exponía el técnico escocés. Dos meses después, evidentemente, conocemos mejor el sentido de estas palabras. Sir Alexander Chapman Ferguson deja el testigo a un hombre de su confianza, pero la transmisión de la idea de lo que debe ser el Manchester United, como club y como equipo, corre a cargo de sus chicos. ¿Y los que vengan en el futuro? Fácil: ellos tienen la ventaja de que lo único que tienen que hacer es intentar mantener la estructura que él mismo fijó hace muchos años.

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6 comentarios

  • @SharkGutierrez 13 mayo, 2013

    La idiosincrasia de Ferguson, es la idiosincrasia del United. Pero este mismo United que deja Ferguson, es el mismo que dejó Sir Matt Busby en su día, con un periodo de casi dos décadas de travesía. Siempre he mirado con recelo a Alex Ferguson, pero no por su carrera profesional, ni por su fuerte carácter (como el buen profesor cuando quiere enseñar a sus alumnos), ni siquiera por los titulos o los jugadores que fichó en un momento dado, debilitando a posibles outsiders capaces de quitarles títulos. A mi me volvió escéptico, receloso e incluso (en ocasiones), reconozco que rabioso, porque "siempre ganaba". Y eso, le hace ser aún más grande, porque como yo, pensará mucha gente.

    Solo Chelsea y Arsenal han sido capaces de crear una continuidad ganadora y/o competitiva. Y ni así, pudieron con su gigante ego (ganado a pulso), ni el carácter ganador del escocés. Se cuenta que Ferguson (que jugaba con el Glasgow Rangers, lo cuál por lo que habla de Stein tiene más miga todavía), fue repudiado tras fallar un gol con el Rangers en una final de la Copa escocesa. Eso le sirvió (junto a las enseñanzas de Stein) para formarse y forjarse como entrenador.

    Hacer del aprendizaje, un camino continuo y ser un profesor con sus alumnos, los cuáles dan un paso al costado en un momento de su carrera, para dar paso a gente nueva y con hambre de ganar. Ese es su mérito y hacer de la Premier "su territorio", un hito difícilmente repetible.

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  • @SharkGutierrez 13 mayo, 2013

    Corrijo lo del Glasgow Rangers, fue con el St. Johnstone (que también era protestante), lo cuál sigue teniendo miga, cuando comento lo de Stein.

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  • Abel Rojas 13 mayo, 2013

    " A mi me volvió escéptico (…) porque "siempre ganaba". Y eso, le hace ser aún más grande, porque como yo, pensará mucha gente."

    Shark, esto tienes que explicarlo mejor ^^ Lo de "receloso e incluso (en ocasiones), reconozco que rabioso" puedo entenderlo, a muchos les pasa con los ganadores empedernidos, pero… "escéptico"??!! ^^

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  • @SharkGutierrez 13 mayo, 2013

    Si Abel, porque siempre pensaba "este señor no puede ganar más, ya lo ha ganado todo". Era escéptico con la continuidad de sus ciclos ganadores. ¿Qué más le queda por ganar? fue una pregunta que llevo haciéndome mucho tiempo después del trébol conseguido a finales del siglo XX. Siempre tuve esa sensación, que de un momento a otro podía dejar el banquillo del United y ser seleccionador de Inglaterra o de Escocia.

    No obstante, como gran técnico que ha sido, me dejó patidifuso, cuando renovaba, se regeneraba y le daba continuidad a otro ciclo ganador. Sencillamente alucinante; de ahí que después del trébol, la llegada del Arsenal "invencible", pensara que se acababa su ciclo. También, en el "Mou time" con el Chelsea. Era escéptico que continuara esos ciclos ganadores, pero luego, siempre ganó.

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  • @migquintana 13 mayo, 2013

    Yo creo que lo de Sir Alex trascendió a la victoria. No digo que llegara el momento donde hubiera algo más importante que la victoria, pero sí que fue ocupando un lugar menos relevante por la regularidad de la misma. Con él, sabíamos que el Manchester de las próximas Premier League, seguramente, ganaría 2 o 3. Y podría hacerse la regla de tres pasando del lustro a la década. Se daba por hecho, porque no iba a perder al vestuario y, por eso, hay que aprender a valorar cómo ha moldeado una institución que ya era grande. No tanto como ahora, pero lo era. Y lo hizo comenzando como alguien independiente al club… para convertirse en el propio club.

    Una tarea que, quizás, de haberla abandonado hace 10 años, cuando comentó que lo haría, no hubiera sido completa. De ahí que, seguramente, cuando tú te preguntaras ”qué más le quedaba por ganar” él tuviera una respuesta muy elocuente. Y, ojo, que me parece una pregunta muy interesante. Es clave.

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