Su necesidad más primaria

Reebok Stadium. Los de Coyle fallan en una salida y corren los Red Devils. Una rápida cadena de pases de izquierda a derecha termina con Rooney encontrando a Nani abierto y en aclarado. La velocidad del lance, el esfuerzo de Wayne por pisar el área y la llegada de Young al lado débil dejan a Chicharito en igualdad numérica contra su par, en un duelo individual que supera con tres (¡tres!) agresivas fintas y un gesto técnico letal. El primer tanto del delantero centro en el reciente Bolton Wanderers-Manchester United es la definición de sí mismo y el más característico de los síntomas de una enajenación mental.

Los segundos que preceden al remate son pura angustia para el mexicano. Desesperación por sentir que el central le ha ganado la partida del primer palo. Su resolutiva ocurrencia, picando a la espalda para frenar la carrera de Gary Cahill y batirlo por aceleración, es propio de quien anhela vivir más, no vivir mejor. El ser humano no suele ser tan inteligente como para buscar la felicidad con tanto ahínco. Se rinde antes. La única lectura plausible es que para Chicharito el gol no es fin, sino medio. Como para Telmo, Gerd o Hugo. Ojalá el fútbol nunca halle cura para esta enfermedad.

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