Semáforo sin color rojo

El volumen ofensivo del Athletic ante el PSG fue notable. Con los extremos reclamando ayudas muy largas y el primer gran Llorente del año sujetando a los centrales, Kombouaré enfrentó una zona activa que le vino grande. Y a Muniain, al que las circunstancias han llevado a ocupar la base de la jugada. Hoy día, es la prioridad de sus rivales. Pese a partir desde tan lejos, la marca sobre él siempre es intensa, aunque la actual inspiración del genio haga que no sirva para nada. Sólo necesita líneas de pase ramificando sus carreras para parecer indefendible. Su protagonismo es absoluto.

Mucho peor les fue a los vascos en transición defensiva, el talón de Aquiles de su 4-1-4-1. El escalonamiento de la segunda línea ancha en fase ofensiva es inapropiado, todos cargan remate y la segunda jugada queda perdida por incomparecencia. La recuperación de Ander, que ofrecerá soluciones latentes, obligará a Bielsa a tomar la difícil decisión que marcará el proyecto: O trabaja la hoy lejana viabilidad defensiva de Muniain como interior, o lo devuelve a su costado original, o se muda a un dibujo táctico de base de dos. Las alternativas están ordenadas por dificultad, de mayor a menor. Y por potencial, en el mismo sentido.

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