El Barça lo entendió todo | Ecos del Balón

El Barça lo entendió todo


¡Boom!, y empezó. Durante casi dos décadas, la semilla plantada por el cruyffista Dream Team brotó con una fuerza imparable, conservando el estigma sin renunciar a la evolución. Tácticamente, ese desarrollo nunca será abortado, si bien este invento pertenece a los jugadores y nunca hubo y tardará en haber un grupo de la calidad del actual. Xavi es el dogma, el futbolista final de la filosofía, y Messi es un poco como aquel gol de Koeman, pero en grande, porque no termina en la legitimación del Barcelona, sino en la deslegitimación de todo lo demás. Juntos y junto a Iniesta, timonean el equipazo que quizá nunca soñó el idealista Johan, aunque se originase en uno de sus sueños. Y ayer vencieron al Real Madrid, con crudeza y contundencia. Al 4º día, el Barça de Guardiola sí demostró de verdad que el mejor equipo del mundo sigue vistiendo de azulgrana.

Lo hicieron porque su virtud suprema, la capacidad para guardar y manejar el balón, por fin desembocó en un contexto favorable en lugar de una esclavitud bien llevada. El Barça inició el partido como se esperaba, tocándola atrás y sin batir línea por voluntad propia, actitud pronto interrumpida por la presión del Madrid. El discurso fue azulgrana desde el momento en el que esa decisión defensiva del Real fue más una oportunidad que un fastidio. Se conservó la paciencia y se esperó un error que siempre llegaba, instante en el que se filtraba el pase con precisión y se atacaba en posicional como si de una transición se tratase. Además, Pep había despejado la autopista, abriendo a Villa -se asume que intentar sacar lo mejor del Guaje no compensa- y Pedro para que Messi e Iniesta, sublimes, condujesen en carriles espaciosos. Las ayudas no podían alcanzarlos. A veces, la cerilla Lass se aplicaba para apagar algún fuego, pero el baño futbolístico era una realidad. La primera parte fue para 2-0 y tan panchos.

Cierto es que el Real partió de un escenario complicado: Estaba obligado a ir arriba y no tenía ni a Pepe, ni a Sergio Ramos. Una de las situaciones que ha proporcionado ventajas a Mourinho sobre GuardiolaMourinho no fue capaz de superar las bajas de Pepe y Ramos a lo largo del Play Off ha sido la superación del Messi-sistema (que no de Messi). La carencia de un 9 referencia permitía a la zaga merengue tener un zona de influencia muy vasta sin pagar peaje, porque las condiciones naturales de Xavi e Iniesta tampoco compensaban con llegadas la licencia táctica de Pep. Así, el Madrid encimaba las recepciones culés en tres cuartos y limitaba la calidad de sus giros, planteamiento que no pudieron ejecutar por la ausencia de sus dos talentosas bestias. Sin ellos administrando el cortijo, se amontonaron las situaciones en las que los defensores del Real o quedaban o llegaban tarde, comprometiendo especialmente la figura de Carvalho, que era el que tomaba decisiones y se exponía. Albiol volvió a demostrar que el FC Barcelona es mucho, demasiado, para él.

Si de notable alto fue el ejercicio de posesión, no anduvo a la zaga el rendimiento sin balón del Barcelona. Soberbio tanto en la presión como en la defensa del campo propio, lunar habitual que Puyol extirpa o, al menos, logra disimular muy bien. Y eso que todavía no volvió al eje. La batalla contra los confundidos atacantes madridistas fue muy desigual, y hasta la entrada en juego de Özil ni sudaron. El poco peso del turco-alemán y Benzema en la eliminatoria es un misterio. Que Mascherano salga del envite considerado como un central viable queda, indudablemente, en el debe de Mourinho. Di María, Ronaldo en banda, Adebayor y el siempre lineal Higuaín no exigieron una sola decisión. Todo era simple salvo Alonso y Marcelo.

La segunda mitad fue bastante más igualada. A costa de retrasar la primera línea de presión, el Real estrechó la distancia que separaba a Alonso y Lass de Albiol y Carvalho, lo que detuvo la sangría, pero fueron muy pocos los minutos de incertidumbre. El Barça, en el partido más dominado de la serie, había el círculo y volverá a donde empezó todo. Con orgullo en forma de gol. Una auténtica obra maestra de Víctor Valdés. El portero. Eso dice mucho.


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